España enfrenta una amenaza terrorista yihadista que no deja de crecer, con un incremento alarmante en las detenciones que no sólo refleja el alto nivel de riesgo en nuestro territorio, sino también las vulnerabilidades asociadas a la oleada de inmigración ilegal registrada en los últimos años. Según datos oficiales de la Secretaría de Estado de Interior consultados por LA GACETA, actualizados al 16 de julio de 2025, se han realizado 47 operaciones antiterroristas en España este año, resultando en 80 detenciones por actividades yihadistas. Esto supone un ritmo vertiginoso: en apenas siete meses, ya se acerca al total de 2024 (49 operaciones y 81 detenciones) y supera con creces los números de años anteriores, como 2023 (43 operaciones y 78 detenciones) o 2022 (27 operaciones y 46 detenciones). Si la tendencia continúa, 2025 podría marcar un récord histórico desde los atentados del 11-M en 2004, cuando comenzaron estos registros sistemáticos.
Este histórico muestra una evolución preocupante. Desde 2004, se han acumulado 495 operaciones en España con 1.196 detenciones, más 67 operaciones en otros países que involucraron a 157 arrestos relacionados con amenazas en nuestro suelo. Pero el salto en los últimos años es innegable: de las 36 operaciones y 75 detenciones en 2015, hemos pasado a cifras que duplican o triplican aquellas en la década actual. Sólo en los primeros tres meses de 2025, se detuvieron a 38 presuntos yihadistas, un ritmo que obligó a acelerar investigaciones policiales ante el impacto de conflictos como la guerra en Gaza desde 2023.
Este aumento no es casual; coincide con un pico en la inmigración ilegal, que ha batido récords en rutas como las Canarias, con miles de llegadas en pateras y cayucos procedentes de África Occidental y el Magreb.
Operaciones en 2025: un año de alta tensión
El detalle de las operaciones en 2025, según la información policial consultada, revela un patrón de actividades que van desde la difusión de propaganda hasta la planificación de atentados y el adoctrinamiento online. Hasta julio, destacan casos como:
- 1 de julio, Badalona (Barcelona): Un marroquí de 36 años arrestado por autoradicalización y consumo de contenido de Daesh.
- 15 de mayo, Guadalajara: Un combatiente terrorista extranjero (CTE) integrado en Daesh, con orden de detención de Marruecos.
- 5 de mayo, Calpe (Alicante): Un marroquí por actividades no especificadas.
- 1 y 2 de abril, Murcia, Zaragoza, Tortosa y Barcelona: Seis detenciones en total, incluyendo vínculos con Hezbollah y posesión de armas del mercado negro; una operación internacional con Reino Unido y Francia.
- 18 de marzo, Granada: Un marroquí por difusión de propaganda yihadista.
Estos casos, mayoritariamente involucrando nacionales marroquíes o con lazos al Magreb, ilustran la diversidad de perfiles: desde autoradicalizados online hasta combatientes retornados. Aunque no todos especifican el modo de entrada, el predominio de extranjeros sugiere rutas migratorias como vector de riesgo.
La correlación con la inmigración ilegal: evidencias policiales
Lo más inquietante es la conexión directa observada en numerosos operativos entre la inmigración ilegal y la infiltración yihadista. Ejemplos concretos abundan: uno de los casos más destacados es el de Abdel Bary, un peligroso combatiente de Estado Islámico, quien en abril de 2020 fue detenido en Almería tras llegar oculto en una patera procedente de Argelia. Junto a él, otros dos miembros de la organización terrorista fueron arrestados, evidenciando cómo las mafias de tráfico humano facilitan la entrada de perfiles radicalizados a través de las costas de Almería, Levante y Baleares.
Otro ejemplo significativo ocurrió en octubre de 2020, cuando dos yihadistas marroquíes alineados con Al Qaeda fueron capturados en Melilla y Mogán (Gran Canaria). El detenido en Mogán había llegado a Canarias a través de una ruta migratoria desde El Aaiún, aprovechando la vulnerabilidad de los controles en momentos de alta presión migratoria. Además, en marzo de 2021, un líder argelino de una célula yihadista fue arrestado tras ingresar por Almería en una ‘patera-taxi’ desde Orán, demostrando la recurrencia de esta ruta como vía de acceso para terroristas que buscan pasar desapercibidos.
El rol heroico de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado
En medio de esta tormenta, hay un rayo de esperanza: la alta capacidad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE). La Policía Nacional y la Guardia Civil, con apoyo del CNI, han demostrado una eficacia impresionante en detectar y neutralizar amenazas. Desde 2012, han realizado cientos de operaciones que han evitado atentados potenciales, como las detenciones en marzo de 2025 de tres individuos catalogados como «amenaza para la seguridad nacional», quienes consultaban sobre explosivos y poseían numerosas armas.
Su trabajo preventivo, basado en inteligencia y colaboración internacional, es un pilar fundamental que merece reconocimiento. Sin embargo, esta excelencia no compensa las debilidades estructurales en el control migratorio; urge reforzar fronteras y protocolos para no sobrecargar a nuestros agentes.
En resumen, el explosivo aumento de detenciones yihadistas en 2025 no es sólo una estadística, es una advertencia de que la amenaza evoluciona rápidamente, alimentada por flujos migratorios descontrolados. España debe actuar con urgencia para blindar sus fronteras, valorando el esfuerzo de sus fuerzas de seguridad mientras aborda las raíces del problema.