
Los medios generalistas españoles han vuelto a justificar el crimen contra un líder patriota norteamericano con expresiones como «era un fascista» o «era un provocador que defendía la esclavitud de los negros». Así se refirieron a Charlie Kirk, el activista conservador asesinado en Utah, distintas cadenas como RTVE, Cuatro o la Cadena SER, que llegaron incluso a relativizar el valor de su vida y a sugerir que su muerte podía ser utilizada políticamente por Donald Trump.
En los programas informativos y tertulias de estas televisiones y radios públicas y privadas se escucharon calificativos que rozan la deshumanización de la víctima. Mientras relataban el momento en que Kirk recibió un disparo mortal en el cuello durante un acto universitario ante miles de jóvenes, algunos comentaristas lo describieron como «un fascista» o «un hombre despreciable», insinuando que su asesinato no le hacía más digno.
Resulta llamativo que los mismos medios que exigen respeto absoluto cuando la víctima de la violencia es de izquierdas, en esta ocasión hayan optado por culpabilizar al propio Kirk de su trágico final. Se subrayaron sus posiciones críticas contra el colectivo trans o la inmigración ilegal, como si sus ideas políticas justificaran de algún modo su asesinato.
Donald Trump, que confirmó la noticia horas después del ataque, calificó al activista de «mártir de la verdad y la libertad» y responsabilizó a la izquierda radical de fomentar un clima de odio que desemboca en crímenes como este. En cambio, desde los micrófonos españoles se llegó a insinuar que el expresidente podría «utilizar» la muerte de Kirk para imponer medidas de excepción y fortalecer su proyecto político, trasladando el foco de la condena del crimen al ataque contra la derecha norteamericana.
La cobertura mediática del asesinato ha generado indignación en círculos conservadores, que denuncian el doble rasero con el que se mide la violencia política. Para unos, el minuto de silencio y la solidaridad inmediata; para otros, el desprecio, la burla y la justificación. Una muestra más de cómo parte de la prensa europea convierte a las víctimas en culpables cuando se trata de figuras patriotas.