
La Casa Blanca estudia limitar drásticamente la información que comparte con España tras la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de adjudicar un contrato de seguridad al gigante chino Huawei. A instancias del Capitolio, Washington considera que el Ejecutivo socialista ha puesto en riesgo la seguridad nacional al implicar a la empresa vinculada al régimen comunista en sistemas sensibles, una medida inédita entre socios de la OTAN.
La alarma saltó en Washington tras conocerse que el Ministerio del Interior español adjudicó a Huawei el almacenamiento de comunicaciones interceptadas por las fuerzas de seguridad e inteligencia. Los presidentes de las comisiones de Inteligencia del Senado y la Cámara de Representantes, Tom Cotton y Rick Crawford, enviaron una carta a la directora nacional de Inteligencia, Tulsi Gabbard, reclamando revisar los acuerdos de intercambio de información con España.
En la misiva, dirigida también al secretario de Defensa, al director de la CIA y a altos cargos de la Casa Blanca, los legisladores advierten que, mientras España siga confiando en Huawei, los datos que EE.UU. comparte podrían acabar en manos del Partido Comunista Chino. Fuentes de la Casa Blanca confirmaron a Abc que ya analizan limitar la inteligencia compartida con España, algo “poco común”, según las mismas fuentes: “Permitir que regímenes autoritarios como el de China consigan en silencio una posición dentro de nuestras redes de comunicaciones supone un riesgo para toda la nación y para los socios”.
La carta de Cotton y Crawford califica de “casi inimaginable” que el Gobierno español adjudique a Huawei el sistema de escuchas judiciales y policiales. En ella instan a “revisar los acuerdos de intercambio de inteligencia con el Gobierno de España para asegurarse de que ninguna información compartida con la inteligencia española, su defensa y policía revele secretos de la seguridad nacional estadounidense al Partido Comunista Chino”.
La Comisión de Inteligencia del Capitolio señala además que Huawei, sujeta a las leyes de seguridad de China, es un brazo tecnológico del régimen y advierte de que España está “jugando con fuego”. “Huawei y el Partido Comunista Chino podrían tener acceso encubierto al sistema de interceptación legal de un aliado de la OTAN, permitiéndoles seguir las investigaciones españolas sobre espías del Partido Comunista y un sinnúmero de otras actividades de inteligencia”, añaden.
Si la Casa Blanca concreta la desconexión informativa, España quedaría en riesgo de perder acceso a inteligencia vital sobre terrorismo yihadista, crimen organizado, ciberamenazas o contraespionaje, áreas en las que EE.UU. ha sido clave en la última década. También peligra la inteligencia militar sobre movimientos rusos en el Atlántico o grupos extremistas en el norte de África.
Washington advierte de que, si España no ofrece garantías inmediatas, podría ser apartada de foros multinacionales, recibir información muy filtrada o incluso ver expulsados a sus oficiales de intercambios sensibles. Sería un golpe sin precedentes a la credibilidad española como socio en la Alianza Atlántica.
Los congresistas recuerdan que otros aliados —Reino Unido, Francia o Alemania— ya vetaron a Huawei en sus redes 5G y en infraestructuras críticas.
La situación amenaza con debilitar la piedra angular de la alianza militar hispano-estadounidense: la base naval de Rota. Allí operan actualmente cinco destructores Aegis de la Armada estadounidense —pronto serán seis—, un elemento clave del escudo antimisiles de la OTAN. Rota, junto con Morón, permite a EE.UU. y a la OTAN controlar el tránsito Atlántico-Mediterráneo y sostener su presencia militar en Oriente Medio, Norte de África y el Sahel.
En Washington se percibe el contrato con Huawei no como un hecho aislado, sino como el síntoma de que España podría convertirse en el eslabón débil de la seguridad occidental.
En redes sociales incluso han surgido voces pidiendo trasladar las bases a Marruecos como castigo a Sánchez, una idea que, aunque poco realista, refleja el malestar acumulado. Otros, como el analista Gordon G. Chang, llegaron a plantear que la OTAN “podría incluso expulsar a España de la Alianza” si continúa “complicando la vida a las democracias occidentales”.
Por ahora, el Pentágono no contempla medidas tan extremas, pero el capital político de España en Washington se erosiona a marchas forzadas. Mientras tanto, la Casa Blanca de Donald Trump, alineada con las posturas de Cotton y Crawford, ya estudia restringir de manera inédita el flujo de inteligencia a Madrid.
El rumbo que tome Sánchez en las próximas semanas será decisivo para determinar si España conserva su papel como aliado de confianza o cae al rango de socio de segundo orden en el peor momento posible para la seguridad occidental.