
La vivienda tiene una dimensión que va mucho más allá de lo económico. La situación residencial también está vinculada a las emociones, a la percepción de estabilidad y a la capacidad de las personas para proyectar su futuro. Así, el 41% de los ciudadanos asocia su situación actual respecto a la vivienda con una sensación de tranquilidad y calma, mientras que un 28% la relaciona con estrés o ansiedad. Un 32% se mantiene en una posición neutral. Sin embargo, esta percepción cambia en función del régimen de tenencia.
Según un estudio realizado por Fotocasa con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra el próximo 10 de octubre, los inquilinos son el grupo que más estrés o ansiedad asocia a su situación respecto a la vivienda, con un 38%, seguidos de los compradores, con un 32%. En el caso de los inquilinos, además, existe un empate entre quienes relacionan su vivienda con estrés y quienes la asocian con tranquilidad (ambas opciones con un 38%).
La responsable de Estudios y portavoz de la firma, María Matos, ha explicado que «es la primera vez que desde Fotocasa se pone el foco en la relación entre vivienda y bienestar emocional, y los resultados son preocupantes porque muestran que la crisis de accesibilidad está trascendiendo el ámbito económico para instalarse también en la vida emocional de los ciudadanos».
En su opinión, «la vivienda es la base sobre la que construimos buena parte de nuestro proyecto vital al independizarnos, formar una familia, cambiar de trabajo o simplemente sentir que tenemos estabilidad. Cuando acceder o mantener esa vivienda se convierte en una incertidumbre permanente, es lógico que aparezcan sentimientos de estrés y ansiedad. Esta situación se refleja entre los inquilinos porque son quienes están más expuestos a la evolución de los precios y a la incertidumbre sobre su estabilidad residencial», ha dicho Matos.