
El gerente de una tienda de videojuegos ubicada en Niza y llamada Micromanía, Pierre Collin, se ha enfrentado a un grupo de violentos que intentaban destrozar y saquear su establecimiento durante los disturbios registrados en Francia. El comerciante, que llegó a interponerse físicamente entre los asaltantes y el escaparate de su negocio, ha relatado los momentos de tensión que vivió junto a su pareja, cuando ambos fueron atacados con distintos objetos. «Nos lanzaron proyectiles, naranjas y piedras. Una de ellas pasó a escasos centímetros de mi frente», ha denunciado.
Collin se encontraba de vacaciones cuando comenzó a recibir mensajes de sus trabajadores alertándole de que la situación en los alrededores de la tienda se estaba complicando. Aunque las imágenes que seguía por televisión no parecían especialmente alarmantes, una llamada de un antiguo empleado le hizo comprender la gravedad de lo que estaba ocurriendo. «Me dijo que habían entrado en la tienda y que estaban destrozándolo todo», ha explicado. En ese momento, desconocía si sus trabajadores habían conseguido abandonar el establecimiento sin sufrir agresiones.
El empresario decidió desplazarse inmediatamente hasta el local, donde se encontró con numerosos individuos causando daños y saqueando comercios. Inicialmente permaneció observando lo sucedido, consciente del peligro que suponía intervenir. Sin embargo, las risas y las burlas de quienes participaban en los destrozos terminaron por hacerle reaccionar. «Veía a la gente reírse de lo que estaba pasando. Eso fue lo más frustrante. Llegó un momento en el que no pude soportarlo más y me puse en medio», ha recordado.
Su decisión le expuso directamente a la violencia de los asaltantes. Tanto él como su pareja recibieron el lanzamiento de objetos, entre ellos piedras, y tuvieron que esquivar varios proyectiles. «Mi mujer estaba realmente afectada, tenía lágrimas en los ojos y me pedía que nos marcháramos», ha relatado. Pese a ello, Collin permaneció frente al establecimiento durante varias horas para intentar impedir que continuasen los daños. Finalmente, sufrió pequeños arañazos y un esguince, aunque asegura que se encuentra bien.
«No fue una cuestión de valentía ni de hacerse el superhéroe. Fue más bien una imprudencia», ha reconocido el comerciante, que admite que en aquellos momentos no era plenamente consciente del riesgo que estaba asumiendo. Su intención era hacer comprender a los violentos que detrás del escaparate había un negocio, unos trabajadores y numerosas familias que acudían habitualmente a comprar videojuegos.
El gerente también ha destacado que otros vecinos y ciudadanos acudieron a ayudarle cuando comprobaron lo que estaba sucediendo. «Hubo personas buenas que se acercaron, me apoyaron y me ayudaron. No estuve solo contra todos, aunque al principio pudiera parecerlo», ha explicado. Asimismo, ha recordado que numerosos establecimientos de la zona también fueron víctimas de robos y actos vandálicos, entre ellos una tienda deportiva, varios negocios de artesanos y un estanco.
Collin ha diferenciado expresamente a los participantes en la manifestación de los grupos que protagonizaron los saqueos. Según su testimonio, el recorrido de los manifestantes transcurrió inicialmente en un ambiente tranquilo, mientras que los ataques contra los comercios respondían a actuaciones organizadas al margen de la protesta. El empresario sostiene que algunos de los responsables se habían coordinado previamente mediante aplicaciones como Snapchat.
«Estuve entre seis y siete horas delante de mi escaparate y en ningún momento escuché una reivindicación política ni una sola consigna», ha asegurado. En su lugar, afirma haber presenciado insultos, burlas y comportamientos violentos que, a su juicio, no tenían ninguna relación con las demandas sociales expresadas durante la manifestación. «No estaban denunciando sus condiciones de vida ni ninguna otra cosa. Aquello era simplemente por puro placer», ha lamentado.
El comerciante ha defendido el derecho de los jóvenes a manifestarse y ha expresado su comprensión hacia algunas de sus preocupaciones económicas y sociales. Sin embargo, ha rechazado cualquier justificación de los destrozos perpetrados contra los negocios. «Puedo comprender a los jóvenes que salen a protestar, pero no siento ninguna empatía por quienes se dedicaron a destruirlo todo», ha sentenciado.