
Austria ha amenazado con renunciar a organizar Eurovisión 2026 si Israel es finalmente excluido del concurso, una advertencia que ha generado un terremoto político en Europa. El Partido Popular Austriaco (ÖVP) y el propio canciller Karl Stocker consideran que marginar al país hebreo supondría una afrenta inaceptable, por lo que la emisora pública ORF podría retirarse de la organización, dejando a la Unión Europea de Radiodifusión (UER) ante un serio desafío logístico y económico.
El conflicto se agrava porque, tras la victoria austríaca en mayo en Basilea, la ORF asumió la obligación de celebrar la próxima edición del certamen. Si decide renunciar, Viena deberá compensar al nuevo país anfitrión con una suma que podría oscilar entre los 26 y los 40 millones de euros. Roland Weissmann, director general de la cadena, ha advertido ya al Ejecutivo que el coste final recaerá sobre el presupuesto estatal, al tiempo que pide una solución política urgente.
La crisis ha abierto una brecha entre el canciller Stocker y el alcalde de Viena, Michael Ludwig. Este último, en declaraciones al medio OE24, advirtió que excluir a Israel sería un error diplomático «de proporciones históricas». Aun así, el Ayuntamiento vienés mantiene su disposición a albergar el festival, atraído por el impacto económico y turístico que representa. Según fuentes gubernamentales, ambos dirigentes mantienen contactos discretos para evitar que la disputa desemboque en un conflicto institucional que empañe la imagen internacional del país.
Mientras tanto, el debate se extiende más allá de las fronteras austriacas. España y varios gobiernos europeos de tendencia progresista están presionando para que Israel quede fuera de la competición, una postura que contrasta con la de Alemania. El canciller germano, Friedrich Merz, ha recordado la «responsabilidad histórica» de su país y ha advertido que Berlín podría retirarse del festival si el Estado israelí no participa finalmente en Eurovisión 2026.
Según el portal especializado Eurovision Fan, el pulso diplomático entre los distintos gobiernos europeos ha puesto a la UER en una posición complicada, con una votación secreta prevista para mediados de noviembre que podría marcar un antes y un después en la historia del certamen.