tendrá un efecto directo en el equilibrio democrático
El Gobierno de Sánchez modifica el censo electoral por decreto con su «regularización» masiva de inmigrantes ilegales
El Gobierno de Sánchez modifica el censo electoral por decreto con su «regularización» masiva de inmigrantes ilegales
Pedro Sánchez votando junto a Begoña Gómez. Europa Press
Por LGI
29 de enero de 2026

Las políticas impulsadas por el Gobierno en materia de nacionalidad y «regularización» masiva de inmigrantes ilegales han reabierto el debate sobre su impacto real en el censo electoral. Más allá de la controversia política, las cifras y los mecanismos legales activados apuntan a una transformación progresiva del cuerpo electoral con efectos directos en el derecho al voto a corto y medio plazo.

Desde el Ejecutivo y el PSOE se insiste en separar dos conceptos distintos: la obtención de la nacionalidad española y la «regularización» administrativa de extranjeros. Sin embargo, un análisis detallado de las medidas aprobadas y en tramitación muestra que ambas convergen en un mismo resultado, la ampliación progresiva del número de personas con capacidad de participar en procesos electorales.

Por un lado, la llamada Ley de Nietos contempla la concesión de la nacionalidad española de origen a cerca de 2,5 millones de personas. Esta medida no se limita a un reconocimiento simbólico, sino que incorpora de forma automática a esos nuevos ciudadanos al Censo Electoral de Residentes Ausentes, lo que les permite votar en todas las elecciones salvo en las municipales. El impacto sobre el censo, por tanto, resulta inmediato y cuantificable.

A esta iniciativa se suma la «regularización» masiva que el Gobierno prevé aplicar a cerca de 800.000 inmigrantes ilegales. Aunque en una primera fase se trata de una medida administrativa, su efecto se traslada al padrón municipal, un instrumento que constituye la base del censo en las elecciones locales. En los casos de ciudadanos procedentes de países con acuerdos de reciprocidad con España, la regularización abre además la puerta al derecho de voto en los comicios municipales.

El alcance de estas decisiones no se agota ahí. Los inmigrantes regularizados procedentes de Iberoamérica, Filipinas, Andorra o Guinea Ecuatorial pueden solicitar la nacionalidad española tras sólo dos años de residencia legal. Una vez obtenida, el acceso al voto se amplía al conjunto de las convocatorias electorales, lo que convierte una medida administrativa inicial en un cambio estructural del cuerpo electoral.

El debate, por tanto, no gira sólo en torno a si nacionalidad y regularización son figuras jurídicas distintas, sino sobre el uso acumulativo de ambas como herramientas con consecuencias políticas evidentes. En ese contexto, las críticas apuntan a que el Gobierno está promoviendo una transformación del censo electoral a medio plazo mediante decisiones adoptadas desde el Boletín Oficial del Estado, con un efecto directo sobre el equilibrio democrático y la configuración futura del electorado.

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