El hijo del ex secretario de organización José Luis Ábalos, Víctor Ábalos, ha concedido una entrevista al diario El Mundo en la que rompe su silencio para ofrecer una versión alternativa del derrumbe político y judicial de su padre, hoy en prisión preventiva y con una petición fiscal que alcanza los 24 años de cárcel por presunta corrupción en contratos de material sanitario y colocaciones en empresas públicas.
Desde el primer momento, Víctor rechaza de plano las acusaciones que le señalan como testaferro, intermediario de comisiones o custodio de una supuesta fortuna en el extranjero. Asegura que nunca ha cobrado dinero ilícito y denuncia que todo el proceso ha sido una demolición personal y familiar: «Me han arruinado la vida», afirma. Según su relato, la caída de su padre no nace de pruebas sólidas, sino de una cadena de venganzas internas y luchas de poder dentro del PSOE.
En su versión, el punto de inflexión se produce en el otoño de 2020, durante una fiesta de Halloween celebrada en Navalcarnero. Allí, sostiene, la ex mujer de su padre trasladó a dos dirigentes socialistas de primer nivel que disponía de material comprometedor contra Ábalos. A partir de ese momento, según su hijo, se puso en marcha una operación para aislarlo políticamente, presentarlo como un lastre y justificar posteriormente su destitución del Gobierno.
Víctor describe que, hasta ese momento, la relación entre su padre y Pedro Sánchez era de máxima cercanía. Relata llamadas constantes, campañas compartidas desde los años más difíciles del partido y estancias del presidente en el domicilio familiar durante las contiendas electorales. Por eso, asegura que en el entorno socialista nadie entendía que Sánchez apartara de repente a quien había sido uno de sus principales apoyos orgánicos.
El testimonio introduce además un elemento clave: el supuesto deseo de Ábalos de abandonar Transportes para recalar en Defensa. Siempre según su hijo, ese movimiento habría activado resistencias internas, especialmente al conocerse que su peso político iba a alterar equilibrios consolidados. A partir de ahí, afirma, se habría elaborado incluso un informe del CNI que no sólo afectaba a su padre, sino también a él mismo, con información que califica de «infamias».
El relato apunta directamente contra un grupo de dirigentes al que llama «el clan de Navalcarnero» y contra altos cargos del propio Ministerio, a los que responsabiliza de haber construido desde dentro la maniobra que desembocó en su cese. Según su versión, el entonces director de gabinete de Ábalos y el secretario de Estado de Transportes jugaron un papel decisivo en esa operación interna.
Ya en el terreno judicial, el hijo del ex ministro insiste en que su padre ha asumido responsabilidades que no le correspondían y que, pese al impacto público del caso, «no le encuentran nada». También ridiculiza el riesgo de fuga que se le atribuye: «Es una persona plenamente reconocible, no podría desaparecer sin ser identificado en cualquier aeropuerto», ironiza.
Uno de los pasajes más delicados de la entrevista se centra en Santos Cerdán. Víctor asegura que su padre confiaba plenamente en él y que jamás habría permitido su cercanía si hubiera sabido que estaba vinculado a una empresa adjudicataria de contratos públicos. Tras la detención de Koldo García, afirma que Cerdán acudió personalmente al domicilio familiar con una oferta para comprar su silencio. Habla de abogados pagados, empleos en consultoras, presencia en tertulias y un «cheque en blanco» que, según dice, procedía directamente del entorno del presidente del Gobierno.
El testimonio también introduce una acusación de alto voltaje político al señalar que la esposa de Pedro Sánchez habría intervenido para desbloquear el rescate de Air Europa. Víctor explica que su padre se resistió durante meses a hablar públicamente porque confiaba en una investigación imparcial, pero que finalmente decidió romper el silencio al percibir que el resultado judicial ya estaba marcado de antemano.