Grupos de magrebíes se ocultan para evitar su devolución a Marruecos
El monte de Ceuta se convierte en el escondite de inmigrantes ilegales que se niegan a regresar
El monte de Ceuta se convierte en el escondite de inmigrantes ilegales que se niegan a regresar
Un camión militar transporta personas, a 2 de agosto de 2026, en Ceuta (España). Europa Press.
Por LGI
3 de agosto de 2026

El monte de Ceuta se ha convertido en un refugio improvisado para grupos de inmigrantes ilegales magrebíes que se niegan a volver a Marruecos tras la última invasión masiva a la ciudad autónoma. Mientras parte de los inmigrantes ha regresado voluntariamente al otro lado de la frontera, otros permanecen escondidos en zonas boscosas y de difícil acceso para evitar ser localizados por el Ejército y la Policía, según recoge ABC.

Han abandonado las calles del centro y los alrededores del espigón por el que entraron para instalarse entre árboles, colinas y caminos apartados. Allí esperan, sin un plan claro, a que disminuyan los controles y puedan permanecer en España. «Marruecos no, Marruecos no», repiten algunos de ellos, convencidos de que su país no les ofrece oportunidades.

Comunidades improvisadas en el monte

En uno de los claros del monte se ha instalado una veintena de personas que, con el paso de los días, ha formado una pequeña comunidad. Duermen entre arbustos, se sientan en sillas que aseguran haber encontrado en la basura y utilizan bolsas de plástico para transportar agua, comida o ropa.

El grupo ha levantado incluso una barrera con ramas para separarse de un camino próximo y evitar visitas inesperadas, incluidos posibles controles de las fuerzas de seguridad. «Estamos aquí escondidos porque la gente nos pega y la Policía nos quiere llevar a la frontera», explican en árabe a través de otro joven inmigrante que actúa como traductor. La mayoría son hombres

Entre quienes permanecen ocultos hay adolescentes de 14 y 15 años que aseguran haber entrado a nado durante la noche. La playa cercana al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) también se ha convertido en un punto de paso, descanso y aseo. Allí se refrescan, lavan ropa y preguntan a cualquiera que pueda ofrecerles información sobre qué ocurrirá con ellos.

Su objetivo inicial era entrar en el CETI, pero el centro supera su capacidad de acogida. Según relatan, a los inmigrantes subsaharianos se les permite permanecer en las inmediaciones, mientras que a los marroquíes se les ordena regresar.

Salen sólo para buscar agua y comida

Los grupos ocultos en el monte apenas abandonan sus refugios. Bajan sólo para buscar comida, comprar algo con el dinero que trajeron desde Marruecos o acercarse a la playa para asearse.

Algunos cuentan que han cruzado con apenas 20 o 30 euros y que sobreviven gracias a vecinos marroquíes residentes en Ceuta que les proporcionan agua o a comercios que aceptan dirhams.

El resto del tiempo permanecen entre la vegetación, atentos a la presencia de soldados o agentes. «Si los soldados suben aquí, nos vamos a otro lado», afirman.

No tienen una estructura organizada ni reconocen líderes internos. «Aquí no hay jefes, no somos una mafia», dicen entre risas. Cada uno busca agua y comida como puede, aunque se agrupan para descansar y evitar ser localizados.

Basura y tensión en los alrededores

La presencia prolongada de estos grupos empieza a dejar huella en el entorno natural. Las bolsas, restos de comida y desperdicios se acumulan en los claros y en los caminos utilizados para subir y bajar del monte.

La situación refleja la presión que sufre Ceuta tras la llegada masiva de inmigrantes desde Marruecos: calles tensionadas, servicios desbordados, vecinos preocupados y zonas naturales convertidas en campamentos irregulares.

Mientras el centro urbano intenta recuperar la normalidad con la reapertura de comercios y el regreso de los residentes a sus rutinas, en los montes continúa una vida paralela marcada por la clandestinidad.

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