
Las importaciones españolas de pimiento procedente de Marruecos han aumentado más de un 19% durante la primera mitad del año, mientras agricultores nacionales denuncian precios en origen que no permiten cubrir sus costes y algunos productores terminan utilizando parte de sus cosechas para alimentar al ganado.
Los datos oficiales del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, recogidos a través de DataComex, muestran que entre enero y junio España importó 79.014 toneladas de pimiento marroquí, frente a las 66.317 toneladas adquiridas durante el mismo periodo anterior, según recoge El Debate.
El incremento supone un 19,15% y consolida a Marruecos como el principal suministrador exterior de este producto al mercado español. De hecho, el país norteafricano concentra el 94,81% de todas las importaciones españolas de pimiento.
Las cifras contrastan con la situación denunciada por numerosos productores españoles, que advierten desde hace meses del hundimiento de los precios que reciben por sus cosechas.
Desde el sector agrario vinculan esta caída, entre otros factores, a la creciente entrada de productos procedentes de terceros países, donde los costes laborales y determinadas exigencias regulatorias y fitosanitarias son diferentes a las que deben asumir los agricultores europeos.
España es uno de los principales productores y exportadores de pimiento de la Unión Europea, pero los agricultores aseguran que la presión sobre los precios está comprometiendo la rentabilidad de numerosas explotaciones.
La situación ha dejado imágenes especialmente llamativas en el campo andaluz. Un agricultor ha difundido un vídeo en el que descarga un camión cargado de pimientos para alimentar a sus ovejas, ante la falta de una salida comercial suficientemente rentable para el producto. «Mira cómo largan las ovejas el pimiento», señala el productor mientras los animales comen la cosecha.
El problema resulta especialmente grave por el carácter perecedero de las hortalizas. Ante precios excesivamente bajos, los agricultores deben decidir entre vender por debajo de sus costes, asumir los gastos asociados a buscar canales alternativos de comercialización o directamente desechar la producción.
El uso de los pimientos como alimento para el ganado permite al menos aprovechar parte de la cosecha y evita costes adicionales, pero constituye una imagen especialmente significativa de la crisis denunciada por el sector.
Situaciones similares se han registrado durante los últimos años con productos como el tomate, el calabacín o determinadas frutas, cuyos productores han protagonizado protestas contra los bajos precios en origen mientras España continúa aumentando las importaciones agrícolas de países extracomunitarios.
La presión sobre los agricultores contrasta además con el precio que finalmente pagan los consumidores. Según el Índice de Precios en Origen y Destino de los alimentos (IPOD) elaborado por COAG, durante agosto los agricultores recibieron una media de 0,84 euros por kilogramo de pimiento rojo.
En los establecimientos comerciales, sin embargo, el mismo producto alcanzó un precio medio de 2,91 euros por kilo. Esto significa que el precio del pimiento se multiplica por 3,46 desde que abandona la explotación agrícola hasta que llega al consumidor, lo que representa una diferencia del 246% entre origen y destino.
La situación vuelve a alimentar las críticas de las organizaciones agrarias contra el funcionamiento de la cadena alimentaria y contra una política comercial europea que, denuncian, obliga a los agricultores españoles a competir con productos de terceros países sometidos a condiciones de producción diferentes.