
En una tierra que ha dado tantos y tan buenos santos como España, el resurgimiento de las vocaciones sacerdotales en los dos últimos años llena de esperanza y de alegría a los obispos españoles, y por supuesto también al Papa León XIV, que conoce de primera mano esta realidad.
Después de dos años (2023 y 2024) en que se bajó de las 1.000 ordenaciones sacerdotales anuales, tanto en 2025 como este año han aumentado de manera significativa: 1.036 y 1.066 respectivamente. El dato es más esperanzador si tenemos en cuenta que la edad media de los sacerdotes supera ampliamente los 65 años en numerosas diócesis de España.
Curiosamente, de esos 1.066 seminaristas que hay en España actualmente, 854 se forman en los 67 seminarios diocesanos y 212 en los 14 seminarios «Redemptoris Mater» del Camino Neocatecumenal, movimiento eclesial que suma casi el 20% del total de seminaristas que estudian en España.
En cuanto a los sacerdotes, según cifras de la Conferencia Episcopal, actualmente son 14.994 los curas que forman la Iglesia Católica en España. De ellos, prácticamente la mitad están jubilados, por lo que no dan misa. Según Religión en Libertad, el número de sacerdotes que ejerce actualmente en España supera los 8.066.
Lo cierto es que este presente y futuro prometedor cambia una tendencia que venía siendo preocupante. Entre 2005 y 2025, España había perdido el 45% de sus seminaristas mayores, aunque el descenso no ha sido uniforme.
Los datos sugieren que hay una franja relativamente dinámica, que pasa por Madrid, Toledo, Valencia, Murcia, Córdoba, Navarra y algunas diócesis catalanas, mientras que en un amplio territorio interior y del noroeste Castilla y León, Galicia, Aragón y parte de Extremadura la crisis vocacional es más profunda.
El resultado de esta diferente distribución de las vocaciones y ordenaciones es una creciente desigualdad entre diócesis y, por tanto, una tendencia hacia la concentración de los seminarios y la reorganización territorial del clero.