
La llegada de Antonio Ansón a la dirección de la Agencia Tributaria (AEAT) ha aumentado la preocupación entre los funcionarios por el futuro del organismo y el riesgo de avanzar hacia su fragmentación. El nuevo responsable sustituye a Soledad Fernández tras la dimisión en cadena de la cúpula de la AEAT por sus desavenencias con el Ministerio de Hacienda.
Ansón, inspector de Hacienda desde 1999, ocupaba desde hace un año y medio la jefatura de Gabinete del secretario de Estado de Hacienda, Jesús Gascón. Su nombramiento ha despertado recelos internos por su proximidad al número dos del Ministerio y por la posibilidad de que la Agencia Tributaria avance ahora hacia el modelo de gestión «en red» defendido por Gascón.
El secretario de Estado, que durante años dirigió la propia AEAT, ha defendido en distintas intervenciones públicas una mayor participación de las comunidades autónomas en la gestión tributaria. Su propuesta pasa por extender a las regiones de régimen común parte del modelo pactado con Cataluña y permitir que las Haciendas autonómicas asuman nuevas competencias.
Entre otras cuestiones, Gascón ha planteado una mayor implicación de las comunidades en la comprobación de las deducciones fiscales autonómicas y su participación en la recaudación de impuestos como el IRPF o el IVA.
La propuesta ha provocado durante los últimos años el rechazo de inspectores y funcionarios, que temen que la transferencia progresiva de competencias termine debilitando la unidad de la Agencia Tributaria, la caja común y el sistema de información tributaria.
La llegada a la dirección de la AEAT del hasta ahora jefe de Gabinete de Gascón ha disparado esas sospechas. Fuentes internas temen que Ansón siga las directrices políticas del secretario de Estado y no plante resistencia ante nuevos pasos hacia la descentralización del organismo.
«Nos preocupa que el que hasta hoy era jefe de Gabinete de Gascón vaya a tomar las riendas de la Agencia Tributaria. Lo hará por poco tiempo y hará lo que ordene el jefe político, que en este caso es Gascón», ha señalado un funcionario de la Agencia.
La misma fuente vincula la salida de Soledad Fernández con las presiones para avanzar en ese proceso: «Si Soledad se marcha por las presiones y porque no quería pasar como la directora que fraccionó la AEAT, creemos que el nuevo director puede estar dispuesto a todo».
A las dudas sobre el futuro político del organismo se suman las críticas internas al perfil del nuevo director. En los pasillos de la Agencia Tributaria recuerdan su etapa como subdirector de Gestión Administrativa de Personal y posteriormente como director adjunto del Departamento de Recursos Humanos, y aseguran que no se ha caracterizado por mantener una actitud dialogante ante las reivindicaciones de los trabajadores.
Tras conocerse el nombramiento, la Asociación de Inspectores de Hacienda del Estado ha reclamado a Ansón que se comprometa a defender la integridad del organismo frente a las posibles injerencias políticas.
Los inspectores le exigen que impida «cualquier fragmentación de la AEAT, de la caja común, del sistema de información tributaria» y que proteja a los funcionarios frente a posibles traslados forzosos o decisiones que limiten su movilidad.
La asociación también ha solicitado una reunión inmediata con el nuevo director para trasladarle sus preocupaciones y reclamarle que preserve la autonomía organizativa de la Agencia Tributaria y evite modificaciones políticas en los procesos de selección de personal.
«Permanecerá vigilante ante los pasos que adopte la nueva Dirección que puedan suponer perjuicio a los principios constitucionales de igualdad y solidaridad y a la integridad de la Administración Tributaria», ha advertido la organización.
El sindicato de Técnicos de Hacienda (Gestha), el colectivo más numeroso de la AEAT, también ha reclamado mantener la unidad del organismo. Los técnicos consideran que cualquier modelo de colaboración «en red» con las Haciendas autonómicas debe preservar la integridad del personal y las competencias de la Agencia Tributaria.
Su presidente, Javier Gómez Vergel, ha pedido además al nuevo director que ponga fin al deterioro de la estructura organizativa y adopte medidas ante «la frustración de una plantilla que necesita urgentemente soluciones estables».
El relevo en la dirección de la AEAT se produce así en pleno debate sobre el futuro del modelo tributario español y después de que los acuerdos del Gobierno con los partidos separatistas hayan abierto la puerta a una mayor cesión de competencias fiscales a Cataluña. El nombramiento de un estrecho colaborador de Gascón coloca ahora el foco sobre los próximos movimientos de Hacienda y sobre la capacidad del nuevo director para preservar la unidad de uno de los principales organismos del Estado.