Los vecinos de Ceuta tratan de recuperar progresivamente la normalidad tras la llegada masiva de inmigrantes ilegales registrada desde el pasado jueves, en unas jornadas que coincidieron con el inicio previsto de la feria de la ciudad, finalmente cancelada. Persiste el miedo entre la población y un descenso de la actividad en playas, restaurantes y otros establecimientos.
El impacto se ha dejado notar especialmente en los primeros días de la invasión. En la Playa del Chorrillo, situada a unos tres minutos en coche de la frontera, Virginia, responsable de un chiringuito, asegura que la afluencia de clientes ha caído de forma notable. A las 14:00 horas de este domingo, sólo seis de las 24 mesas de su establecimiento estaban ocupadas. Según explica, las imágenes difundidas durante los últimos días de inmigrantes ilegales utilizando las duchas situadas frente al local, ha contribuido a que numerosos ceutíes hayan optado por permanecer en sus casas. «La temporada de verano se ha fastidiado», ha resumido.
La caída de la actividad también se ha trasladado al sector de la restauración. En el puerto marítimo, Eugenio y Vicky, propietarios de un restaurante, han descrito como «brutal» el descenso de la clientela durante los últimos días. Su establecimiento pudo permanecer abierto durante las jornadas más intensas de la invasión al encontrarse dentro de un recinto cerrado y protegido.
«Han venido muchos periodistas de fuera, porque éramos lo único que estaba abierto en el entorno», ha explicado Eugenio. El empresario señala que varios clientes cancelaron sus reservas por miedo y advierte de que, si la situación tarda en normalizarse, no podrá renovar los contratos temporales de algunos de sus trabajadores.
La incertidumbre también ha afectado a otros negocios. Teresa, propietaria de una peluquería, ha decidido cerrar con llave la puerta del establecimiento mientras atiende a sus clientas para evitar que estas tengan temor a entrar. La empresaria asegura que la facturación se redujo drásticamente durante los primeros días de la invasión, entre otros motivos porque muchos clientes habían previsto acudir a la peluquería para prepararse para la feria de Ceuta, cuyo comienzo estaba previsto para el 1 de agosto.
La inseguridad ha condicionado la vida cotidiana de los vecinos. «Los domingos en Ceuta son bastante tranquilos, pero ahora no hay gente ni en la playa ni en los parques: está todo el mundo en casa, no queda de otra», ha relatado Cristina, madre de dos hijos, mientras observaba a sus pequeños jugar en un parque prácticamente vacío.
La recuperación de la normalidad, sin embargo, está siendo desigual según las zonas de la ciudad. «Por el centro la cosa está bastante normalizada, salvo por algún grupo de cinco o seis personas junto a las tiendas de comestibles, pero Ceuta no es solo el centro», ha señalado Cristina.