
Casi ocho meses después del accidente de Adamuz, las causas del siniestro continúan enfrentando las conclusiones de las investigaciones técnicas con la posición del Gobierno, mientras los datos oficiales reflejan un cambio significativo en el comportamiento de los viajeros ferroviarios durante el primer semestre de 2026.
Un nuevo informe de la Inspección Técnico Ocular de la Guardia Civil, avanzado por ABC, sitúa el origen de la tragedia en la rotura de una soldadura de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, que habría presentado daños anteriores. El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha calificado estas informaciones de «bulo» y ha señalado que el documento no establece conclusiones definitivas, a la espera de las periciales y de los análisis de laboratorio de los carriles.
Sin embargo, en paralelo, la Estadística de Transporte Ferroviario del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestra que el número de viajeros en tren se redujo en 30,7 millones durante los seis primeros meses del año, un 8,6% menos que en el mismo periodo de 2025.
Entre enero y junio de 2026 utilizaron el ferrocarril 326,6 millones de viajeros, frente a los 357,3 millones contabilizados un año antes. Se trata de la mayor caída registrada en la serie histórica fuera del descenso extraordinario provocado por la pandemia.
El retroceso resulta especialmente acusado en la alta velocidad. En noviembre de 2025, los viajeros aumentaban un 11% interanual y en diciembre todavía crecían un 2%. Sin embargo, en enero, el mes en el que se produjo el accidente, la evolución pasó a terreno negativo, con una caída del 14%.
En febrero, el descenso alcanzó el 32%, el mayor registrado fuera de los meses afectados por la pandemia. Posteriormente, los viajeros de alta velocidad volvieron a disminuir un 18% en marzo, un 15% en abril, un 7% en mayo y un 10% en junio.
La alta velocidad encadena, por tanto, seis meses de descensos consecutivos y cinco de ellos presentan caídas de dos dígitos. Antes del accidente no existía un precedente reciente comparable. En febrero de 2017 se registró un descenso del 3%, pero posteriormente la serie mantuvo una evolución mayoritariamente positiva durante varios años.
La evolución negativa también afecta a la larga distancia, donde se incluyen servicios como el Alvia. Los viajeros descendieron un 14% en enero, un 30% en febrero, un 16% en marzo, un 14% en abril, un 6% en mayo y un 10% en junio.
Los viajeros de tren retroceden mientras crecen otros medios de transporte durante el mismo periodo. En junio, los usuarios del autobús interurbano de media distancia aumentaron un 7,7%, los del autobús de larga distancia un 5,5% y los del transporte aéreo dentro de la Península un 3,1%.
Los datos apuntan así a un comportamiento específico del transporte ferroviario, aunque las estadísticas disponibles no permiten establecer una relación directa entre el descenso de viajeros y el miedo generado por el accidente de Adamuz.
Tampoco el precio parece explicar por sí solo la evolución. En junio, el transporte ferroviario se encareció un 6,2% interanual, frente al 5,5% de un año antes. El autobús registró una subida del 6,7% y, pese a ello, ganó pasajeros.
Las limitaciones de velocidad siguen afectando a determinados tramos de la red ferroviaria meses después del accidente. Estas restricciones, junto con otras incidencias, han repercutido en los tiempos de viaje y la puntualidad.
Los maquinistas han denunciado el estado de algunos tramos y las restricciones temporales de velocidad se han multiplicado en distintos puntos. En junio, casi la mitad de los trenes de Renfe llegaron con más de cinco minutos de retraso.