
La invasión de inmigrantes ilegales de los pasados 30 y 31 de julio ha transformado la vida cotidiana en Ceuta. Mientras miles de personas continúan dispersas por la ciudad y el Gobierno sigue sin ofrecer una cifra fiable sobre cuántas permanecen en ella, la venta de gas pimienta se ha disparado un 600% en uno de los establecimientos de la ciudad autónoma.
El dato procede de Deportes Mendoza, un negocio situado en el Poblado Marinero y dirigido desde hace más de 25 años por José Daniel Mendoza. La armería representa apenas el 10% de su facturación, pero los aerosoles de defensa se han convertido durante los últimos 40 días en uno de sus productos más demandados.
El establecimiento comercializa dos tipos de dispositivos: uno que dispersa el contenido en forma de cono y otro en gel, capaz de alcanzar una distancia de cuatro metros. Mendoza recomienda el segundo porque reduce el riesgo de afectar a personas próximas al supuesto agresor.
«Le puede quemar el rostro a la persona y ayuda en su identificación al picarle los ojos y no poder ver. Aconsejo más el de gel porque es una forma de defenderte sin agredir a los que están cerca», explica en declaraciones recogidas por El Confidencial.
El aumento de las ventas llegó a provocar problemas de suministro después de la invasión, coincidiendo con el cierre de numerosos distribuidores durante agosto. También ha crecido la demanda de chalecos y guantes anticorte, empleados habitualmente por los vigilantes de seguridad para protegerse frente a ataques con armas punzantes.
El perfil mayoritario de quienes compran gas pimienta es el de una mujer joven que acude acompañada por una amiga o un familiar. Según relata el comerciante, muchas aseguran sentirse observadas y reconocen que ahora tienen miedo cuando caminan por determinadas zonas.
«Me duele muchísimo vender el gas pimienta. Tienen inseguridad y les da miedo salir a la calle. Algunas mujeres se sienten muy observadas. Esta no es mi ciudad», lamenta Mendoza.
El empresario asegura que incluso tuvo que abandonar Ceuta durante una semana debido a la ansiedad provocada por la situación. También cuestiona las cifras facilitadas por el Ejecutivo y sostiene que todavía permanecen en la ciudad más de 20.000 inmigrantes.
«Si paseas por el centro a partir de las siete de la tarde, ves a gente que no es de Ceuta. Todos estamos sobrepasados y vemos que el Estado no quiere poner remedio», denuncia.
La versión del comerciante contrasta con la ofrecida por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que ha situado en unos 5.000 el número de inmigrantes que todavía permanecen en Ceuta. Vecinos y empresarios rechazan ese cálculo ante la presencia de asentamientos y grupos repartidos por distintos barrios.
La crisis también ha alterado por completo la actividad económica. Los hoteles registran alrededor de un 90% de ocupación, aunque la demanda no procede del turismo, sino del despliegue de policías, vigilantes y equipos de comunicación.
«De turismo, propiamente dicho, todo se ha ido al traste. ¿Cómo vendes ahora el destino?», advierte el presidente de la Asociación de Empresarios Turísticos de Ceuta, Antonio Hidalgo.
La falta de habitaciones ha elevado los precios en algunos establecimientos. El Hotel Hércules ha llegado a ofrecer alojamientos por 200 euros la noche, mientras que el conocido Hostal Gutiérrez cobra estos días unos 80 euros por habitaciones que habitualmente cuestan entre 35 y 40.
Los profesionales desplazados a la ciudad se avisan entre ellos cuando aparece alguna plaza libre. Algunos hoteles han llegado a habilitar zonas en obras, sin conexión a internet ni aire acondicionado, para alojar a periodistas y agentes.
La ocupación también ha aumentado en los ferris y en los helicópteros que comunican Ceuta con Algeciras y Málaga. Encontrar una de las escasas plazas disponibles en las conexiones aéreas se ha convertido en una tarea complicada.
Las empresas de seguridad privada figuran entre los sectores que más actividad han ganado. «Todo el que tiene placa está trabajando», resume un vecino. Una vigilante que llevaba dos años en paro consiguió empleo después del 31 de julio para custodiar el recinto de acogida de Loma Colmenar.
El comienzo del curso escolar ha ampliado aún más las contrataciones, debido al refuerzo de la vigilancia en colegios y otros espacios públicos.
Los taxistas también han multiplicado sus ingresos por los desplazamientos continuos entre el puerto, el helipuerto, los hoteles y los distintos puntos donde permanecen los inmigrantes. Un conductor que antes facturaba entre 90 y 120 euros diarios asegura que ahora alcanza los 220. Otro eleva la cifra hasta los 250 euros.
«Aquí está ganando dinero mucha gente y quien te diga que no, miente», afirma uno de ellos. Una actividad extraordinaria que, sin embargo, depende de una crisis que mantiene atemorizada a parte de la población y ha hundido la imagen turística de Ceuta.