La madre de uno de los guardias civiles asesinados en Barbate hace casi un año, Paqui Gómez, ha criticado a Pedro Sánchez por no haberle dado el pésame, mientras que, según afirma, sí expresó sus condolencias a Bildu por la muerte de un etarra. «Todavía estoy esperando la llamada del presidente para darme el pésame», asegura en declaraciones a El Español.
Un año después del suceso, Paqui vive rodeada de recuerdos de su hijo. En la entrada de su casa hay un pequeño altar con una fotografía de Miguel Ángel y dos velas encendidas. En el salón, otro rincón guarda sus medallas, más fotos y otra vela que nunca se apaga. «Yo no he tenido duelo por mi hijo. El duelo vendrá cuando se haga justicia. Hasta entonces, mi propósito en la vida es únicamente ese», afirma la mujer de 62 años.
La noche de la tragedia, Paqui supo lo que había pasado incluso antes de abrir la puerta. «Miré por la mirilla y lo supe. Vi al mejor amigo de mi hijo, también guardia civil, y a todos sus compañeros. Escuché a su amigo P. pedirme que abriera. Me lo pidió por favor». Al abrir, el rellano estaba lleno de agentes. «Dije que no, que no podía ser. Pero su amigo me asintió con la cabeza. Me desmayé en ese instante», recuerda.
Desde aquel día, la situación en la zona no ha cambiado. «Todo sigue igual», murmura. Recientemente, un narcotraficante murió durante una persecución con la patrullera de la Guardia Civil cerca de Tarifa, y en Barbate, un agente resultó herido al lanzarse a una cuneta para evitar ser atropellado por un quad que abastecía de gasolina a las narcolanchas.
Incluso el pasado fin de semana, varias de estas embarcaciones ilegales buscaron refugio en el puerto de Barbate para protegerse de un temporal, con total impunidad. «¿Y ahora por qué no llama el alcalde, como hizo hace un año?», cuestiona Paqui, recordando cómo el regidor local llamó tres veces a la Subdelegación del Gobierno aquel día para que retiraran las narcolanchas del puerto.
El día de la tragedia, la plana mayor de la Guardia Civil y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, estaban en Algeciras presentando el balance anual del Plan Especial de Seguridad. La tragedia ocurrió alrededor de las ocho de la tarde.
Paqui es directa en sus palabras. «La mano ejecutora fue la de la narcolancha. Pero ¿qué pasa con los mandos que dieron la orden en esas condiciones?», se pregunta, apuntando a responsabilidades superiores.