
Raquel Garrido denunció hace una semana que su casa —la misma que llevaba casi una década ocupando ilegalmente— fue tomada por otra okupa durante sus vacaciones en República Dominicana. La historia, ya surrealista, ha sumado ahora un nuevo capítulo: Leidy, la nueva residente irregular del inmueble, ha salido en televisión a justificar su acción. Con tono desafiante, declaró: «Ella no puede pelear por una casa que no es suya. Que me muestre los papeles».
La frase, lapidaria y reveladora, desnuda en toda su crudeza el caos legal que impera en España respecto a la okupación. En este país, una mujer que vive desde hace años en una vivienda ajena sin contrato, ni título de propiedad, ni arrendamiento, exige que otra, en idéntica situación, demuestre su derecho a ocuparla.
Raquel, que en ningún momento ha negado que la vivienda era propiedad de una promotora inmobiliaria, relató en televisión que la mejoró, la reformó y la convirtió en su hogar. Su error, dice, fue publicar en redes sociales que se iba de vacaciones. Sus examigas aprovecharon la ocasión para delatar su ausencia y permitir que una nueva pareja tomara posesión del inmueble.
Ahora, Leidy —una ciudadana colombiana que se instaló con su pareja en la vivienda— afirma sin tapujos que no conoce a Raquel y que simplemente aprovechó una oportunidad: «Ella misma dio la dirección de que la casa estaba sola y dijo que no iba a volver más». Según su versión, la puerta estaba abierta y nadie la detenía. Tampoco la ley.
En una nueva entrevista en el programa ‘Y ahora Sonsoles’ de Antena 3, Raquel explicó entre lágrimas que había perdido no solo su «hogar», sino también sus pertenencias y recuerdos. Relató que convivió durante un tiempo con otra mujer en el inmueble okupado, pero una discusión provocó la ruptura. Sospecha que esa mujer fue quien avisó a los nuevos inquilinos.
Leidy, por su parte, promete devolver las pertenencias de Raquel, pero no cede ni un centímetro en su posición. «Si esta señora vuelve a España, le doy 15 días para que me denuncie. Si no, la denuncio yo», declaró en televisión. La amenaza judicial de una okupa contra otra okupa cierra el círculo kafkiano de este episodio.