Alrededor del 40% de las víctimas de agresiones sexuales son menores
La nueva realidad de Ceuta: mujeres españolas salen a la calle con pinchos y alarmas para prevenir posibles violaciones
La nueva realidad de Ceuta: mujeres españolas salen a la calle con pinchos y alarmas para prevenir posibles violaciones
Mujeres se manifiestan por su seguridad. Redes sociales
Por LGI
14 de septiembre de 2026

Las mujeres ceutíes no pueden más. Tras la invasión de finales de julio, muchas han cambiado horarios, evitan salir solas y han empezado a llevar encima llaveros con pinchos en forma de gato y alarmas personales para avisar si les ocurre algo. Es la imagen que este lunes mostró el programa En Boca de Todos de Cuatro, con testimonios de vecinas como Fani e Inma, que explicaron en directo cómo se protegen en la calle.

El dispositivo es sencillo: un llavero con forma de gato cuyas «orejas» afiladas sirven para golpear si alguien se acerca demasiado, y una alarma que emite un sonido estridente para atraer atención. No es un fenómeno aislado. En las semanas posteriores al 30 y 31 de julio, cuando decenas de miles de personas cruzaron la frontera desde Marruecos, las armerías de Ceuta agotaron el spray de pimienta homologado, aparecieron listas de espera y grupos organizaron repartos gratuitos de botes de autodefensa entre mujeres.

La sensación de inseguridad no se limita a la calle. Hay vecinas que han instalado alarmas y cámaras en casa después de intentos de acceso a portales y garajes. Una ceutí relató que, desde la entrada masiva, le habían intentado ocupar o entrar en su edificio en varias ocasiones; otra explicó que encontró a un grupo de personas en un aparcamiento y prefirió no bajar sola. En al menos un caso judicializado, un hombre irrumpió en una vivienda particular y se metió en la cama de una mujer local en ropa interior; el juez acordó su expulsión por allanamiento.

Las cifras oficiales de agresiones sexuales desde entonces se sitúan por encima de 30 procedimientos abiertos, según la Fiscalía. Alrededor del 40% de las víctimas son menores. La mayoría de las afectadas identificadas son mujeres y niñas que también llegaron en aquella invasión; entre los presuntos autores identificados hay marroquíes y un belga. Eso no ha evitado que el miedo se extienda a las residentes de toda la vida: muchas dicen que ya no van a la playa o al parque con la misma libertad, que avisan por WhatsApp dónde están y que el gas pimienta se ha convertido en un objeto cotidiano del bolso.

La ciudad, de unos 84.000 habitantes y un territorio reducido, ha visto calles, aceras y zonas de sombra ocupadas durante semanas. Comercios cerraron o limitaron el acceso. Vecinos de barriadas organizaron rondas informales. Las mujeres entrevistadas en televisión no hablan de estadísticas abstractas: hablan de no poder más, de salir a la calle con un objeto en la mano porque sienten que la protección institucional no llega a tiempo o no alcanza.

Esa es la nueva rutina que describen: pinchos de gato en el llavero, alarma en el bolsillo y la certeza de que, si algo ocurre, primero tendrán que defenderse ellas.

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