La misma organización que ahora recarga teléfonos en la playa del Trampolín de Ceuta pasó años operando frente a las costas de Libia y Túnez. Mission Lifeline, con sede en Dresde (Alemania), interceptaba embarcaciones que partían de esas costas, subía a bordo a quienes viajaban de forma ilegal y exigía después un puerto europeo para desembarcarlos. Hoy, sin barco en el mar, su camión solar permanece horas cada mediodía en el arenal ceutí para dar batería y asesoramiento a los miles de invasores asentados.
El patrón no es nuevo. En junio de 2018 el buque Lifeline recogió a 234 inmigrantes ilegales justo fuera de las 12 millas territoriales libias. Italia y Malta cerraron sus puertos. El barco quedó retenido en Malta y su capitán fue procesado.
En 2019 la Eleonore zarpó hacia Libia, recogió a 104 inmigrantes ilegales y acabó incautada en Pozzallo (Sicilia) tras desobedecer las instrucciones italianas. Entre 2021 y 2023 operó con el buque Rise Above. La propia ONG contabiliza 24 misiones en el Mediterráneo Central —la ruta que sale de Libia y Túnez— y también en el Atlántico. Los anteriores buques fueron incautados o quedaron inoperativos.
Desde 2023 acondicionan la LIFELINE SAR, una antigua patrullera de la aduana alemana. El 24 de julio anunciaron que empezaría a finales de otoño, con retraso respecto al verano previsto. Mientras tanto, en Ceuta ya no hacen falta barcos. Fuentes policiales sitúan en más de 5.000 los invasores sobre la arena del Trampolín, la desaladora y la playa de Benítez. Cuando Cruz Roja reparte comida la cifra se acerca a 6.000 sujetos. El Gobierno mantiene una unidad wifi de casi 10.000 euros al mes, mientras Mission Lifeline aporta la carga de los móviles.
Según testimonios recopilados por LA GACETA, los invasores de origen marroquí utilizan de forma constante esos teléfonos «para avisar de distintas cuestiones al otro lado de las fronteras ceutíes». La ONG sostiene que carga «a quien lo necesite». En la práctica, el servicio se concentra en el asentamiento ilegal más visible de la ciudad.
Fundada en 2016 por Axel Steier y presidida ahora por Nolte Bauer, la entidad se diversificó desde 2020: safe house LGTBI en Lesbos, puentes aéreos desde Afganistán y alguna misión en Ucrania. Su actividad principal, sin embargo, ha sido siempre la misma, recoger en el Mediterráneo a quienes habían salido de forma ilegal de Libia o Túnez y llevarlos a suelo europeo. Ahora esa lógica se aplica en tierra, a quienes cruzaron a nado o por tierra hasta Ceuta.
Tienen comida, tienen wifi, tienen batería para seguir comunicándose y una superficie de costa cada vez mayor. La organización que durante años esperaba frente a las costas norteafricanas para introducir inmigrantes en Europa opera hoy, sin disimulo, en una playa española.