
Según nos decía este mes El País o La SER, la inmigración ilegal está bajando en torno a un 30 por ciento, pero ¿estamos realmente ante un escenario esperanzador? Más bien todo lo contrario.
Que de la debacle fronteriza a la que estamos asistiendo en estos últimos años se pase a un relajamiento momentáneo de esa debacle no es ni mucho menos un oasis. En los últimos tres años, las llegadas de inmigrantes ilegales se han disparado un 104,9% y la actual crisis está lejos de solucionarse.
En 2022, 31.219 inmigrantes ilegales llegaron a España. En 2023, la cifra subió a 56.852, un 82% por ciento más. Y en 2024, alcanzamos un récord de 63.970 llegadas por la vía de la ilegalidad. ¡Un aumento de más del 100 por cien en sólo tres años! ¿Es esto esperanzador?
Canarias, por si fuese poco, está el epicentro: 19.257 inmigrantes ilegales llegaron en 2024 hasta junio, un 167 por ciento más que en 2023 durante el mismo periodo. Pero el problema se diversifica: en Baleares, la inmigración ilegal creció un 170 por ciento en 2024, con 5.994 entradas ilegales y casi 350 pateras. Y este año, las cifras ya están triplicándose con respecto al año pasado superándose hasta la fecha las más de 3.400 entradas por la vía de la ilegalidad.
Algunos medios destacan descensos puntuales, pero todo es un espejismo. La ruta canaria, Ceuta, Melilla y ahora Baleares enfrentan una presión creciente, con perfiles migratorios más complejos, como los procedentes del Sahel. El efecto llamada actual no logrará frenar la actual debacle migratoria.
Este problema no se detiene, se diversifica hacia nuevas rutas que hasta hace una década eran inexistentes en nuestro país. Sin soluciones firmes, la presión migratoria y los riesgos de seguridad estallarán en los próximos meses.