
Pilar Alegría, acorralada ante el inminente informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil sobre la vida íntima del exministro José Luis Ábalos, atraviesa uno de los momentos más delicados de su carrera política. La ministra de Educación y líder del PSOE aragonés ve cómo crece la tensión dentro del partido regional a medida que se acerca la publicación de las conclusiones policiales, que podrían arrojar nuevos datos sobre la ya célebre noche del 15 al 16 de septiembre de 2020 en el Parador de Teruel.
La investigación, dirigida por el magistrado del Tribunal Supremo Leopoldo Puente, intenta reconstruir al detalle los movimientos de aquella jornada y los días posteriores. Los agentes, que actúan como Policía Judicial, ya habrían confirmado que uno de los asesores de Ábalos adquirió billetes por un importe cercano a los 500 euros para terceras personas ajenas al entorno ministerial. Un dato que, aunque minimizado por el entorno de Alegría, ha incrementado las sospechas sobre la supuesta celebración privada en la habitación 101, ocupada por el entonces ministro, muy próxima a la 208, donde se alojaba la hoy titular de Educación.
Alegría ha ofrecido distintas explicaciones sobre lo sucedido aquella noche, hasta reconocer finalmente que sí durmió en el establecimiento. Primero trató de restar importancia al asunto asegurando que «no tiene por qué dar explicaciones sobre dónde pasa la noche», aunque más tarde justificó su presencia alegando que «cumplía funciones propias de su cargo como delegada del Gobierno». Siempre ha negado, sin embargo, tener conocimiento de fiestas o desperfectos en las dependencias utilizadas por Ábalos.
Las contradicciones en los registros del parador —las horas de entrada y las facturas del check-in— han alimentado las dudas. Según su versión, se despidió del entonces ministro antes de la cena y no volvió a verlo hasta el desayuno, mientras que Ábalos habría cenado en su habitación, algo que no aparece reflejado en la cuenta del hotel. Ella, por su parte, aseguró haber tomado un refrigerio con Koldo García y la expresidenta de Adif, Isabel Pardo de Vera, en el patio del parador.
El temor entre los socialistas aragoneses radica en que la UCO confirme la existencia de un parte interno del parador remitido a la Delegación del Gobierno, informando de incidentes ocurridos durante la madrugada. Diversas fuentes sostienen que Alegría habría trasladado esa comunicación al entonces presidente de Paradores, Óscar López. Ambos, curiosamente, serían promocionados poco después: ella como ministra y él como jefe de gabinete de Pedro Sánchez, mientras Ábalos caía en desgracia política.
Ese ascenso paralelo marcó también el inicio de una estrecha colaboración entre Alegría y López, que afianzaron lazos con dirigentes socialistas del entorno de Huesca, sector crítico con Javier Lambán. Desde ese núcleo, López habría impulsado la proyección política de Alegría con la vista puesta en un eventual relevo de Sánchez al frente del partido.
La ministra, acorralada por las informaciones, ha optado por atribuir las filtraciones a una campaña política. «Estos ataques se producen porque soy una mujer y porque lidero el PSOE de Aragón. Lo hacen para frenar mi crecimiento y mi opción de ganar a Jorge Azcón», ha declarado en varias ocasiones.