
La familia de la mujer de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, vivió durante décadas de las saunas y prostíbulos que regentaban en Madrid y en otras provincias como León y Segovia. Su padre, Sabiniano Gómez, y sus hermanos llegaron a controlar al menos nueve locales —la cifra real podría ser mayor— en los que se ejercía la prostitución tanto heterosexual como homosexual, como han confirmado numerosos testigos. Entre los establecimientos más conocidos figuran la Sauna Adán, en la madrileña calle San Bernardo, la Sauna Azul, la Sauna Princesa, un prostíbulo en el Paseo de la Castellana y otro en la carretera de La Coruña.
Los audios del excomisario Villarejo apuntan a que la propia Begoña Gómez colaboró activamente en el negocio, asumiendo tareas contables e incluso realizando pagos a prostitutas en al menos uno de estos locales. Tras su boda con Pedro Sánchez en 2006, su padre traspasó la propiedad formal de los negocios a sus hermanos para intentar blindar a su yerno de las previsibles críticas políticas.
Las propiedades no sólo incluían las saunas, sino también un ático de 140 metros cuadrados en el mismo edificio que la Sauna Adán, alquilado a un precio muy inferior al de mercado —850 euros al mes— gracias al régimen de renta antigua, pese a ser un inmueble público gestionado por Muface. Testimonios confirman que el ático también fue utilizado para la prostitución: fue dividido en catorce habitáculos diminutos de apenas nueve metros cuadrados, sin que la administración pusiera objeción alguna.
Los locales no estuvieron exentos de actuaciones policiales y sanciones, recuerda Libertad Digital. En 1989, Sabiniano Gómez fue declarado responsable civil subsidiario por la muerte de un cliente en la Sauna Adán. En 2009, el Ayuntamiento de Madrid abrió expediente por graves deficiencias de seguridad. En 2016, la Policía desarticuló una red de trata en otro de los prostíbulos familiares, Kilómetro Ochenta: un encargado fue condenado por coaccionar a mujeres para prostituirse y el resto de la red —incluidos proxenetas rumanos— recibió más de veinte años de cárcel. La Inspección de Trabajo, por su parte, impuso una multa de 66.339 euros a la empresa familiar por explotar a once prostitutas extranjeras, todas sin contrato y trabajando en condiciones miserables, sometidas a jornadas de diez horas y cobrando en función de las copas que lograban que consumieran los clientes.
La Sauna Adán llegó a convertirse en un lugar conocido en ciertos círculos políticos, hasta el punto de que los audios de Villarejo sostienen que en sus instalaciones se colocaron cámaras y micrófonos sin autorización judicial para grabar a clientes, posiblemente con fines de chantaje. En un pasaje especialmente revelador, el escritor Bob Pop, confeso admirador de Sánchez, describía en uno de sus libros la Sauna Adán como «un sitio donde los chaperos te follan por cuarenta euros» y relataba escenas de jóvenes demasiado jóvenes ofreciendo «algo especial» a cambio de unas monedas.
Pedro Sánchez se ha beneficiado de los inmuebles pagados por la familia Gómez desde el inicio de su matrimonio. Tras la boda, la pareja residió en un piso de Pozuelo de Alarcón adquirido por Begoña Gómez en 1997. Más tarde se trasladaron a otra vivienda heredada de su madre, también en Pozuelo, y actualmente disfrutan de una residencia de vacaciones en Mojácar comprada por su mujer en 2013 a la sociedad San Bernardo 36 SL, la misma con la que su suegro y sus tíos gestionaban las saunas gays en Madrid. Para entonces, Sánchez ya era diputado en el Congreso y, al año siguiente, se hizo con la secretaría general del PSOE.
Por si fuera poco, una reciente investigación publicada por Voz Populi asegura que la campaña que devolvió a Sánchez el liderazgo del PSOE en 2017 fue financiada, al menos en parte, por su suegro. Según esas informaciones, José Luis Ábalos conservaría pruebas documentales de aquellos pagos.
La huella de los negocios familiares de prostitución sobre los bienes y la carrera política de Pedro Sánchez es evidente, aunque el presidente siga empeñado en mirar para otro lado.