Los secuestros aumentaron un 17,6% en España durante el primer semestre de 2026, en un contexto marcado por el crecimiento de la violencia vinculada al narcotráfico y por la creciente sofisticación de las organizaciones criminales. Entre enero y junio se registraron 60 secuestros, frente a los 51 contabilizados durante el mismo periodo de 2025.
Aunque las cifras absolutas continúan siendo reducidas en comparación con otros delitos, las Fuerzas de Seguridad están detectando cambios relevantes tanto en el perfil de las víctimas como en los métodos empleados por los delincuentes, según reporta Vozpópuli.
Fuentes policiales apuntan especialmente a ajustes de cuentas, deudas relacionadas con drogas, robos y enfrentamientos entre bandas rivales como algunos de los principales escenarios en los que se producen estos delitos.
Uno de los casos más llamativos de las últimas semanas ocurrió en plena AP-7, donde cinco individuos que simulaban ser policías secuestraron a un hombre ante numerosos conductores. La víctima apareció posteriormente herida en Sant Llorenç Savall y los Mossos d’Esquadra investigan si el episodio está relacionado con el narcotráfico y un posible ajuste de cuentas.
Bandas cada vez más sofisticadas
Las organizaciones criminales utilizan además herramientas cada vez más avanzadas para preparar y ejecutar estos secuestros. Los investigadores han encontrado casos en los que los delincuentes empleaban dispositivos GPS y otros localizadores, sistemas de comunicación cifrada, documentación falsa, vehículos de alquiler y pisos turísticos para vigilar a las víctimas, trasladarlas o mantenerlas retenidas.
Este tipo de recursos dificulta las investigaciones y permite a las bandas operar durante periodos breves sin utilizar inmuebles o vehículos directamente vinculados a sus integrantes. La Policía Nacional advierte de que cada vez investiga más secuestros asociados a conflictos internos dentro del narcotráfico.
La UDYCO de Alicante ha señalado en distintas investigaciones que una parte significativa de estos casos está relacionada con enfrentamientos entre organizaciones y con los denominados «vuelcos», término utilizado para describir el robo de droga de una banda a otra. En agosto, por ejemplo, la Policía logró liberar a un hombre que llevaba diez días secuestrado por una disputa relacionada con la desaparición de más de 500 kilos de cocaína.
El nuevo objetivo: las criptomonedas
Pero las víctimas ya no proceden exclusivamente del mundo del narcotráfico. Las Fuerzas de Seguridad están detectando también bandas que investigan previamente la situación económica de determinadas personas para descubrir si disponen de criptomonedas, oro u otros activos fácilmente transferibles.
El secuestro se utiliza entonces para forzar a las víctimas a facilitar contraseñas, acceder a sus carteras digitales o realizar transferencias. El pasado 18 de septiembre, la Guardia Civil detuvo en Alicante a un hombre de 29 años y una mujer de 23 acusados de retener y agredir a un hombre en un apartamento de Finestrat.
Los sospechosos pretendían hacerse con dinero, oro y criptomonedas y habrían obligado a la víctima a realizar transferencias. El valor de los bienes sustraídos rondaba los 20.000 euros.
La investigación reveló además que la mujer habría ganado durante meses la confianza de la víctima antes de ejecutar el plan, lo que lleva a los agentes a considerar que existió una fase previa de aproximación y recopilación de información. La víctima, por tanto, no habría sido seleccionada al azar.
Secuestros para obtener claves digitales
España ya había registrado anteriormente episodios especialmente violentos relacionados con el patrimonio digital. En abril de 2025, en Mijas (Málaga), una organización criminal secuestró a una pareja con el objetivo de acceder a sus carteras de criptomonedas.
Ambos permanecieron retenidos durante horas. El hombre recibió un disparo en una pierna y su cadáver fue localizado posteriormente en una zona boscosa, mientras que la mujer fue liberada.
El fenómeno se repite en otros países europeos. Uno de los casos más conocidos fue el secuestro en Francia de David Balland, cofundador de Ledger, empresa dedicada a fabricar dispositivos físicos para proteger criptomonedas.
Balland y su esposa fueron secuestrados en enero de 2025. Los agresores exigieron dinero y llegaron a amputarle dos dedos para presionar durante las negociaciones. En marzo de este año, la Guardia Civil detuvo en España al último sospechoso relacionado con aquella operación.
La violencia del narcotráfico se extiende por Europa
Los secuestros forman también parte del repertorio habitual de algunas de las principales organizaciones criminales instaladas en Europa. Entre ellas destaca la denominada Mocro Maffia, vinculada al narcotráfico en Países Bajos y Bélgica y relacionada con episodios de extrema violencia, ajustes de cuentas y extorsiones.
Estas redes desempeñan actualmente un papel relevante en la distribución de cocaína en Europa y funcionan mediante estructuras cada vez más descentralizadas y transnacionales. Europol ha advertido de que una organización ya no necesita mantener toda su estructura criminal dentro de un mismo país.
Sus dirigentes pueden encontrarse en un Estado, los encargados del transporte en otro y los ejecutores de acciones violentas —como secuestros, amenazas o asesinatos— ser delincuentes locales contratados específicamente para una operación. Este modelo permite a las mafias extender su actividad por distintos territorios con gran rapidez.
Tanto Interpol como organismos europeos especializados en drogas vienen alertando del aumento de la violencia relacionada con el narcotráfico y el crimen organizado, con secuestros, asesinatos, torturas e intimidaciones utilizados para imponer deudas, recuperar mercancía o controlar territorios.