«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Un tren anterior circulaba con una demora aproximada de 20 minutos

Los viajes previos al descarrilamiento ya informaron a los pasajeros de «incidencias en la infraestructura» y «retrasos» en el mismo tramo de Adamuz

Aviso de incidencias de Renfe. Redes sociales

El descarrilamiento de tren en Adamuz que ha acabado con la vida de, al menos, 41 personas, sigue revelando indicios que apuntan a que los problemas en la infraestructura ferroviaria eran perceptibles incluso antes del siniestro. Varios viajeros que se dirigían al mismo destino final del convoy accidentado habían recibido horas antes avisos oficiales de Renfe alertando de retrasos provocados por incidencias técnicas y fallos en la propia vía.

Uno de esos mensajes, remitido por el servicio InfoRenfe a pasajeros de un AVE con llegada prevista en Madrid-Puerta de Atocha-Almudena Grandes, advertía de que el tren circulaba con una demora aproximada de 20 minutos «debido a una incidencia técnica y a una incidencia en la infraestructura». En la notificación, la compañía subrayaba que la previsión de llegada podía variar a lo largo del recorrido, un aviso que ahora cobra especial relevancia a la luz de lo sucedido posteriormente en el tramo cordobés.

Estos retrasos no afectaban al tren siniestrado en sí, pero sí a otros convoyes que compartían corredor ferroviario y destino, lo que refuerza la hipótesis de que existían problemas previos en la red, más allá de un fallo puntual o aislado. Fuentes del sector ferroviario señalan que cuando se registran incidencias en la infraestructura, suele deberse a anomalías en elementos críticos como cambios de agujas, juntas de carril, catenaria o señalización, aspectos todos ellos bajo revisión tras la tragedia.

El accidente se produjo cuando un tren de alta velocidad descarriló en Adamuz (Córdoba) e invadió la vía contigua, colisionando con otro convoy que circulaba en sentido contrario. Aunque la investigación sigue abierta, las primeras diligencias apuntan a un fallo en la vía como principal línea de trabajo, descartando por ahora un error humano como causa inicial del siniestro.

La existencia de avisos previos por problemas en la infraestructura añade presión sobre el gestor ferroviario y sobre el Ministerio de Transportes, especialmente después de que en los últimos meses sindicatos y maquinistas hubieran advertido de un deterioro progresivo en determinados tramos del corredor Madrid-Sevilla. A ello se suma que la línea había sido objeto de una reciente remodelación, presentada como integral, pero cuya calidad y alcance están siendo ahora cuestionados.

Desde Renfe se limitan por el momento a señalar que los mensajes enviados a los viajeros forman parte del protocolo habitual de información al cliente y que no pueden establecerse relaciones directas entre aquellos retrasos y el descarrilamiento, hasta que concluyan los informes técnicos oficiales. Sin embargo, para los investigadores, estos avisos constituyen un elemento más a analizar dentro de la reconstrucción de los hechos previos al accidente.

En paralelo, la Guardia Civil y la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios examinan ya el estado de varios puntos del trazado, incluidos un cambio de agujas y una junta de raíl próximos al lugar del siniestro, donde se sospecha que una posible soldadura defectuosa pudo haberse ido deteriorando con el paso de los trenes.

Mientras tanto, familiares de las víctimas y asociaciones de usuarios reclaman que se esclarezca no sólo qué falló en el momento del impacto, sino también si existieron señales previas que pudieron alertar de un riesgo mayor en la infraestructura. Los mensajes de retrasos por incidencias técnicas, conocidos ahora, se convierten así en una pieza clave para determinar si la tragedia pudo haberse anticipado o evitado.

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