«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Las Chafarinas se sitúan como punto de escalada para llegar a la Ciudad Autónoma

Melilla casi triplica la entrada de inmigrantes ilegales tras la invasión de Ceuta: el 86% de los llegados son marroquíes y el 97% varones en edad militar

Inmigrantes ilegales. Europa Press

Mientras España cierra los nueve primeros meses con un 10,3% menos de inmigrantes ilegales que en 2025, y Canarias se desploma un 44,5%, Melilla camina en dirección contraria. A 30 de septiembre acumulaban 693 entradas por la vía de la ilegalidad frente a las 268 del mismo periodo del año pasado, según el balance quincenal del Ministerio del Interior. La cifra en la ciudad se ha multiplicado por 2,6 en los últimos tres trimestres, siendo el mayor incremento de todo el mapa y casi el triple del año anterior. Ni siquiera Ceuta, que sube un 54% por vía terrestre, se le acerca en términos relativos —quedando al margen el episodio de invasión—. Baleares crece un 9,7% y la Península un 8%, en gran parte por el incremento en el archipiélago balear.

La cifra tiene fecha. A 15 de julio Melilla sumaba 181 entradas en el año. Dos meses y medio después suma 693. Las 512 restantes, el 74% de todo 2026, se concentran en las diez semanas que siguieron a la entrada masiva de Ceuta del 30 de julio. El propio Ministerio advierte de que no incluye las entradas de los días 30 y 31 de julio «que ya han sido objeto de triaje», de modo que el dato real es superior al publicado.

El quiebre del 21 de julio

Los registros internos del CETI de Melilla, a los que ha tenido acceso LA GACETA en cuatro cortes entre el 20 de septiembre y el 8 de octubre, permiten reconstruir la ola. El centro aloja hoy a 504 inmigrantes ilegales, de los que 432 entraron después del 21 de julio. El 86% del CETI se ha formado en once semanas. A esos 432 hay que sumar al menos 24 residentes que han causado baja en las tres últimas semanas, todos marroquíes y casi todos llegados tras el verano, con lo que el registro interno acredita un suelo de 456 entradas desde el 21 de julio, coherente con las 512 del balance oficial.

El ritmo no fue uniforme. Entre el 21 de julio y el 15 de agosto el centro recibió una media de once entradas diarias, con un pico de cien personas el 3 de agosto, cuatro días después de lo ocurrido en Ceuta. La segunda quincena de agosto bajó a dos diarias, la primera mitad de septiembre volvió a cinco y, desde mediados de ese mes, el flujo ha quedado en una o dos al día. El perfil es homogéneo. El 97% son varones, la edad media es de 24 años y el 86% es de nacionalidad marroquí. Los registros no cruzan ambas variables, de modo que el peso de los varones marroquíes se mueve entre el 83% y el 86% del centro.

Nada de esto ha sido contado por el Gobierno. La delegada en Melilla, Sabrina Moh, afirmó el 16 de septiembre en RNE que la crisis de los días 30 y 31 de julio «se ha resuelto bien». Los registros del centro que depende de su propio Ministerio dicen que la crisis de Melilla empezó nueve días antes y duró hasta mediados de septiembre.

La segunda vía: Chafarinas

Hay un segundo cambio que los números de Interior no muestran y el CETI sí. En septiembre, de las 91 entradas registradas en el centro, solo 54 fueron marroquíes. Las otras 37 proceden de Eritrea, Etiopía, Sudán y Chad, un bloque que hasta agosto era testimonial y que hoy suma 54 residentes, todos varones adultos con una edad media de 25 años. Entraron en tres jornadas, el 2, el 7 y el 11 de septiembre y desde entonces apenas han llegado dos más.

Esas fechas coinciden con los traslados de la Guardia Civil desde las islas Chafarinas, a dos millas de la costa marroquí y a 27 kilómetros de Melilla, donde en la primera semana de septiembre desembarcaron 34 inmigrantes ilegales en dos grupos. Fuentes policiales consultadas por LA GACETA confirman que los llegados por Chafarinas son eritreos y etíopes, «unos 30 entre los dos», y que han solicitado un traductor de tigriña para formalizar el asilo. Llegan con la solicitud ya preparada y declaran proceder de Saidia, el último tramo de costa marroquí antes de Argelia. El funcionamiento, describen, es el del Peñón de Vélez de la Gomera: «Se te plantan allí unos pocos y se los traen». Ninguna valla, ningún espigón, ninguna devolución.

Fuentes de inteligencia militar apuntan a la causa. El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía declaró ilegal a comienzos de este año la devolución a Marruecos de seis sirios que habían llegado a las Chafarinas en 2022, porque el rechazo en frontera exige una línea fronteriza y un puesto habilitado, y en las islas no existe ni lo uno ni lo otro. El Tribunal Supremo cerró el círculo el 29 de junio con la sentencia 814/2026, que limita el rechazo a quienes superan físicamente los elementos de contención. Quien llega por mar, a nado o a una isla, no supera nada, y en la práctica acaba en Melilla y en el CETI.

La reacción del Estado llegó el 9 de septiembre, con el envío de la patrullera Río Guadiana. Desde entonces no consta ninguna nueva llegada a las islas. El precedente judicial sigue vigente y las redes, como demuestra la petición de traductor, ya saben a qué atenerse.

Lo que viene

Fuentes policiales describen el monte Gurugú vacío, sin las concentraciones que precedían a los asaltos a la valla, y sitúan la ruta argelina de Maghnia y Oujda como vía habitual hacia Nador. Los dos argelinos que entraron en el CETI el 5 de octubre encajan en esa descripción. La presión no ha desaparecido, se ha redistribuido. Cuando se tapona un frente, el flujo busca el siguientey Melilla ya ha sido el segundo.

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