
La actual presidenta del Banco Europeo de Inversiones y exministra, Nadia Calviño, ha viajado a Marruecos para celebrar y anunciar la financiación con fondos europeos del tranvía de Rabat y otras infraestructuras de transporte en el país norteafricano, mientras el sector ferroviario español atraviesa su peor momento en años, con retrasos crónicos, cancelaciones masivas y un grave accidente que ha dejado 46 muertos.
Durante su primera visita oficial a Marruecos como máxima responsable del BEI, Calviño firmó el pasado 30 de junio acuerdos por 365 millones de euros: un préstamo de 50 millones más una subvención de 15 millones de la UE para la rehabilitación de la red ferroviaria marroquí (ONCF), que incluye proyectos como el tranvía de Rabat, y 300 millones adicionales para autopistas. El banco europeo prevé movilizar más de 700 millones de euros en el país durante 2026, triplicando su actividad en los últimos años en un socio que se presenta como «estratégico».
En un vídeo difundido en redes, la expresidenta del Gobierno español y actual máxima autoridad del BEI muestra con orgullo cómo se destinan recursos públicos europeos a modernizar el transporte en Marruecos, justo cuando en España los usuarios padecen un sistema ferroviario colapsado. Retrasos diarios en Cercanías, averías frecuentes en la alta velocidad y la tragedia de Adamuz (Córdoba) del pasado 18 de enero —donde un choque entre un tren Iryo y un Alvia de Renfe causó 46 fallecidos y más de 150 heridos— han puesto en evidencia el deterioro de las infraestructuras españolas.
El contraste es especialmente llamativo en un momento en que el Gobierno de Pedro Sánchez y las autoridades europeas insisten en la «transición ecológica» y la mejora de la movilidad sostenible. Sin embargo, esa mejora se celebra más rápido en Rabat que en Madrid, Barcelona o cualquier otra ciudad española donde los trenes siguen fallando.
La visita de Calviño a Marruecos ha servido, una vez más, para alimentar el debate sobre dónde se invierten realmente los recursos de los contribuyentes europeos y españoles. Mientras tanto, los usuarios del tren en España siguen esperando que alguien ponga el foco donde más falta hace: en casa.