
En Trujillo, cuando cae la tarde y las plazas se vacían, el silencio del pueblo pesa más que cualquier discurso político. Las fachadas encaladas guardan historias de generaciones que levantaron familias, campos y oficios sin pedir nada a cambio. Y, sin embargo, hoy muchos de esos pueblos se mueren despacio. En ese paisaje que mezcla belleza y abandono, irrumpe el testimonio de un joven extremeño que resume a LA GACETA el deseo de toda una generación: no quieren marcharse, quieren quedarse. Sólo quieren vivir.
«Realmente soy autónomo y lo que quiero precisamente es un cambio, un cambio para que si gano 2000 euros no me quiten la mitad de lo que voy a ganar«. No alza la voz ni se queja: constata un hecho. El de una región donde trabajar por cuenta propia se convierte en un acto de resistencia y donde el sueño de quedarse en su tierra se diluye entre impuestos, burocracia y un abandono institucional que ya dura décadas.
Este joven habla de despoblación sin tecnicismos, desde la experiencia. «Quiero un cambio para que los pueblos se dejen de despoblar, para que la gente deje de estar todo el rato viviendo en los núcleos principales y se venga para aquí, para sus pueblos de origen». Lo que describe no es sólo un desplazamiento demográfico, sino la pérdida de un modo de vida. Una Extremadura donde —también— la vivienda ha dejado de ser accesible, donde tener hijos es casi una heroicidad y donde ser autónomo y vivir con dignidad suena a quimera. «Es imposible tener hijos, ser autónomos y tener una vida normal como han tenido nuestros ancestros».
🔴 El brutal alegato de un joven extremeño en contra del bipartidismo: “No pido mucho, sólo poder quedarme en mi pueblo”.
— Bipartidismo Stream (@Bipartidismo_) December 2, 2025
“Quiero un cambio para poder tener una vida normal, y desde un punto de vista social y moral VOX es lo que más se parece a lo que es España”. pic.twitter.com/AePfxCqW0D
Pero su reflexión va más allá de la economía. Cuando se le pregunta quién puede liderar ese cambio, su mirada se aparta de quienes llevan décadas repartiéndose el poder. «Desde luego ni el PP ni el PSOE. No sé si es VOX, es lo que me parece más razonable, desde luego desde un punto de vista social y también desde un punto de vista moral. Quizás sea lo que más se acerca a lo que ha sido siempre España«.
La crítica es directa hacia un PP que, en su opinión, «no tiene nada de derecha» y un PSOE que «no tiene ni de izquierda ni de derecha, simplemente es una corruptela más». «Están todos compinchados y les importamos de todo menos los españoles de a pie». Sus palabras retratan el hartazgo de una juventud que ni ve oportunidades ni confía en quienes han convertido Extremadura en tierra de promesas incumplidas.
Y aun así, su testimonio no destila resignación, sino determinación. Sabe que son pocos, «pocos y cada vez menos». Pero también sabe que no queda otra que plantar cara. «Habrá que abogar por una solución nueva y para eso estamos los jóvenes. Habrá que intentar llevar el cambio de alguna manera«.
En pleno arranque de la precampaña para las elecciones del 21 de diciembre, las palabras de este joven resuenan como un eco incómodo para la clase política.
Quizá el futuro de la región dependa precisamente de ellos: de quienes resisten en sus pueblos, de quienes sólo reclaman lo que siempre fue cotidiano, de quienes aún intuyen que Extremadura guarda una oportunidad para quien no se rinde.