Allí descansan los cuerpos de entre 5.000 y 7.000 asesinados por el Frente Popular
Paracuellos del Jarama y la memoria histórica: noventa años del mayor genocidio cometido en España
Paracuellos del Jarama y la memoria histórica: noventa años del mayor genocidio cometido en España
Cementerio de los mártires de Paracuellos del Jarama, en Madrid. Redes sociales
Por Rafael Nieto
7 de noviembre de 2026

El comienzo del mes de noviembre nos recuerda que España vivió uno de los mayores genocidios del siglo XX y el mayor de nuestra historia: el martirio de miles de españoles en el municipio madrileño de Paracuellos del Jarama a manos de los milicianos comandados por Santiago Carrillo en el Frente Popular republicano.

Noventa años después de aquellos terribles días de invierno de 1936, Paracuellos sigue siendo un lugar de duelo, de oración y de reclamación de verdad para miles de españoles asesinados en la retaguardia republicana durante la llamada «defensa de Madrid» a manos del sanguinario Frente Popular.

A comienzos de noviembre, con las tropas franquistas a las puertas de la capital, cientos de presos fueron sacados de las cárceles madrileñas bajo la apariencia de una evacuación. No fueron llevados a un lugar seguro: fueron conducidos en camiones hacia las inmediaciones de Paracuellos y Torrejón de Ardoz, donde fueron fusilados y enterrados en fosas comunes.

Las ejecuciones se concentraron especialmente entre el 6 y el 8 de noviembre, aunque los crímenes se prolongaron hasta comienzos de diciembre. Las víctimas eran en gran parte militares, funcionarios, religiosos, profesionales, empresarios y personas sencillas señaladas por su condición social, su fe o su supuesta afinidad con el bando nacional.

El número exacto de asesinados sigue siendo objeto de investigación y debate. Las estimaciones históricas más extendidas sitúan las víctimas entre 5.000 y 7.000, aunque algunos estudios y asociaciones memorialistas elevan la cifra.

Lo esencial no es únicamente el número, sino lo que representa: una de las mayores matanzas cometidas en la retaguardia republicana durante la Guerra Civil. La memoria de aquellas víctimas no puede reducirse a una disputa estadística ni utilizarse como arma de confrontación. Es, ante todo, una deuda de humanidad: la obligación de reconocer que aquellos hombres fueron asesinados sin juicio, sin defensa y sin la dignidad que corresponde a toda persona.

Para muchas familias católicas y nacionales, Paracuellos no es solo un episodio de la Guerra Civil: es un lugar de martirio y de memoria. Allí descansan sacerdotes, religiosos, militares, padres de familia y jóvenes que pagaron con la vida su fe, sus ideas o simplemente su condición de españoles en unos meses de odio y violencia. Recordarlos significa honrar a los muertos y exigir verdad histórica. La patria se construye también con la memoria de quienes fueron sacrificados por ella y con la esperanza de que nunca más se repita semejante barbarie.

Noventa años después, Paracuellos sigue siendo una llamada de atención. Una llamada a la verdad, a la reconciliación y una llamada a no relativizar ni olvidar la magnitud de aquellos crímenes. Porque hay heridas que el tiempo no cierra: sólo las transforma en memoria.

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