«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Animaban a atacar estadios como el Bernabéu y el Metropolitano

Procesado por terrorismo el individuo de 22 años que lideró una célula yihadista desde una mezquita en Fuensalida (Toledo)

Khalid Al-Rasheed. Redes Sociales.

La Guardia Civil desmanteló en enero una célula yihadista radicada en la localidad toledana de Fuensalida, liderada por un joven de apenas 22 años, Ali Blida Bouzelmad, actualmente en prisión provisional y procesado por la Audiencia Nacional por delitos de terrorismo. Según el auto del juez Ismael Moreno, el detenido encabezaba «una célula estable, coordinada y cohesionada», compuesta por varios jóvenes radicalizados que se habían convertido en un foco activo de adoctrinamiento en Castilla-La Mancha. Los detalles sobre el funcionamiento de la organización recién se conocen.

Según informa La Razón, el grupo tenía su centro de operaciones en torno a la mezquita local, donde Blida aprovechó su creciente influencia para captar y adoctrinar a jóvenes magrebíes, tanto de forma presencial como a través de redes sociales. Los investigadores afirman que el objetivo de la organización era «llevar a cabo la yihad belicista contra Occidente», justificando la violencia y difundiendo material del Estado Islámico con instrucciones para cometer atentados.

Las pesquisas señalan que la radicalización de Blida comenzó tras consumir compulsivamente los sermones del clérigo saudí Khalid Al-Rasheed, detenido en 2006 por incitar a la guerra santa. Inspirado por sus mensajes, el joven empezó a difundir propaganda violenta, incluyendo vídeos y publicaciones que animaban a los «lobos solitarios» a atacar estadios de fútbol durante la Champions League, entre ellos el Santiago Bernabéu y el Metropolitano.

En los vídeos incautados, Blida y sus colaboradores aparecen criticando la vida occidental y defendiendo la ruptura total con los no musulmanes. «No tendrás fe en Alá hasta que te enemistes con los que están contra Alá, aunque se trate de tus hijos o familiares», se escucha en una de las grabaciones. En sus perfiles digitales, el grupo también atacaba las festividades cristianas y al colectivo LGTBI, reivindicando la «pureza del Islam» y la aplicación de la sharía.

El líder llegó a impartir sermones esporádicos en la mezquita de Fuensalida, donde buscaba consolidarse como referente religioso y promover el odio a Occidente. Según la investigación, compartía manuales y archivos digitales sobre la yihad, actuando «a semejanza de un clérigo». En su entorno más próximo, su influencia alcanzó a Salaheddine Gharrabi, de 23 años, también procesado, quien manifestó su deseo de morir como mártir: «Si me muero, será por lo que más me gusta», le confesó a su pareja.

Gharrabi llegó a entrenarse físicamente «como muyahidín«, publicando en redes vídeos y fotografías en las que aparecía vestido con ropa militar y haciendo el gesto del tawhid, símbolo del Estado Islámico.

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