Errekaleor es considerado uno de los mayores barrios okupas de Europa
Radicales de extrema izquierda y magrebíes, a palizas con bates de béisbol y pedradas en Vitoria por la okupación de decenas de pisos
Radicales de extrema izquierda y magrebíes, a palizas con bates de béisbol y pedradas en Vitoria por la okupación de decenas de pisos
Vivienda okupada en Errekaleor. Redes sociales
Por LGI
28 de mayo de 2026

En el sur de Vitoria, un centenar de inmigrantes magrebíes sobreviven desde hace meses en antiguas fábricas abandonadas, rodeados de basura, cristales rotos, muebles destrozados y naves industriales convertidas en refugios improvisados. A menos de un kilómetro, Errekaleor, considerado durante años uno de los mayores barrios okupas de Europa, mantiene su propio sistema de acceso y organización interna bajo un discurso político que choca ahora con una realidad incómoda: el enfrentamiento abierto entre dos formas muy distintas de ocupación.

La tensión estalló el pasado 13 de mayo, cuando una veintena de jóvenes magrebíes intentó entrar por la fuerza en varias viviendas del barrio. Según avanza El Mundo, los residentes de Errekaleor respondieron con piedras, palos y bates de béisbol para impedir el acceso a una de las 192 casas que componen los 16 bloques propiedad del Ayuntamiento. Una de las vecinas okupas recibió una pedrada en la cabeza y tuvo que ser trasladada al hospital. Aquel episodio fue el primer choque visible de una disputa que ha encendido todas las alarmas policiales y políticas en la capital alavesa.

La preocupación aumentó de nuevo el pasado sábado, cuando la Ertzaintza localizó a un joven norteafricano herido junto a la antigua fábrica de URSSA, una cooperativa dedicada en el pasado a la fabricación de grandes estructuras metálicas. El joven necesitó asistencia hospitalaria y la Policía investiga si la agresión está relacionada con el conflicto abierto entre los ocupantes de las naves industriales y los residentes del barrio okupa. Según fuentes policiales, no se descarta que entre los agresores figuren personas vinculadas al entorno de Errekaleor.

El contraste entre ambos espacios es llamativo. En las naves abandonadas, los inmigrantes malviven entre residuos, suciedad y estructuras en ruinas. En Errekaleor, en cambio, los residentes han construido durante años una comunidad organizada, con placas solares, espacios comunes, un gaztetxe (centro social) instalado en la antigua iglesia, frontón, gimnasio y hasta una piscina portátil colocada con la llegada del calor. La distancia física entre ambos enclaves apenas supera los 800 metros, pero la diferencia social y política entre ellos se ha convertido en una de las grandes grietas de Vitoria.

La alcaldesa de Vitoria, Maider Etxebarria, ha asegurado que en Errekaleor existe «clasismo entre la okupación ideológica y la marginal», pero por ahora no ha concretado qué medidas adoptará para evitar nuevos episodios de violencia. El Consistorio mantiene pendiente la desocupación de varias fábricas abandonadas, aunque tampoco ha aclarado si actuará contra los residentes de Errekaleor, instalados allí desde 2013, cuando el Ayuntamiento había vaciado el barrio con la intención de levantar en la zona 375 nuevas viviendas.

El origen del actual Errekaleor se remonta al 3 de septiembre de 2013, cuando un grupo de estudiantes de la Universidad del País Vasco comenzó a ocupar las primeras viviendas. Con el paso de los años, el barrio se transformó en un espacio de referencia para movimientos de izquierda y colectivos cercanos a la izquierda abertzale. Fuentes policiales sitúan allí, especialmente entre 2015 y 2016, la presencia de militantes de organizaciones estudiantiles y juveniles que hicieron del barrio un enclave político y social propio.

Los actuales portavoces del barrio defienden que Errekaleor no es una ocupación convencional, sino «un proyecto político». El acceso a las viviendas, según explican, depende de una asamblea que decide dos veces al año quién puede incorporarse a la comunidad. Para ello, los aspirantes deben haber participado previamente en los grupos de trabajo que sostienen la vida interna del barrio. Ese sistema de admisión, presentado por sus impulsores como una forma de organización colectiva, ha quedado ahora bajo el foco después de que sus propios residentes hayan impedido por la fuerza la entrada de inmigrantes sin recursos.

Mientras la investigación policial continúa abierta, Vitoria observa con inquietud una disputa que ha roto el relato construido durante años en torno a Errekaleor. La ciudad se enfrenta ahora a una doble realidad: por un lado, el abandono de naves industriales convertidas en refugio de inmigrantes en situación de extrema precariedad; por otro, un barrio municipal ocupado desde hace más de una década por colectivos que reivindican la autogestión, pero que han levantado sus propias barreras frente a quienes intentaron instalarse allí.

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