
Bilbao vive una escalada de violencia que ha convertido a algunos de sus barrios más céntricos en un foco permanente de inseguridad. Este jueves, a plena luz del día, los vecinos de la plaza Corazón de María se asomaban sobresaltados por los gritos en árabe de dos hombres que llegaron a forcejear en plena calle. Horas después, ya de madrugada, la Policía tuvo que intervenir en la misma zona para frenar otra pelea: cuatro individuos se enfrentaron y uno de ellos terminó con un profundo corte en la sien tras recibir un botellazo.
Los altercados se han convertido en parte del paisaje cotidiano del barrio de San Francisco, donde la Ertzaintza y la Policía Municipal despliegan cada día dispositivos para contener una delincuencia creciente. Fuentes policiales reconocen que se trata de «una de las zonas más conflictivas» de Bilbao, escenario de peleas, robos y ajustes de cuentas entre pandillas.
El pasado fin de semana, la violencia dejó un nuevo muerto: un joven marroquí apuñalado en el pecho durante un enfrentamiento con machetes. Pocos días antes, en los Jardines de Albia, una mujer sudamericana sufrió seis puñaladas a manos de un magrebí de 18 años con antecedentes policiales. Episodios que evidencian cómo las bandas de inmigrantes se disputan el control de las calles mientras la ciudadanía vive con miedo.
Según los agentes, estas agrupaciones están compuestas por jóvenes y menores de edad, muchos de ellos de familias desestructuradas, que actúan en grupo, exhiben armas en redes sociales y se lanzan a delinquir cuando las calles se llenan de estudiantes los fines de semana. Aunque hay miembros de varias nacionalidades, las fuerzas de seguridad señalan como especial foco de preocupación a las bandas de origen magrebí.
El secretario de organización del Sindicato Profesional de la Ertzaintza (SIPE), Juan Carlos Sáenz, lo resume con claridad: «La inmigración ilegal es lo que está produciendo los repuntes en la delincuencia y la inseguridad ciudadana dentro del País Vasco». Sáenz denuncia que las agresiones sexuales en San Sebastián se han incrementado casi un 200% y que la falta de 1.000 efectivos agrava una situación ya de por sí crítica.
Las cifras reflejan el aumento del fenómeno. La banda Les derniers salopards (LDS), integrada por jóvenes magrebíes, fue señalada por la Ertzaintza como responsable de 33 incidentes en 2021. Un año después, la cifra ascendía a 68. La «sede» de estos grupos se localiza en el casco viejo y alrededores, aunque se desplazan por toda la ciudad en busca de víctimas, sobre todo mediante robos violentos y hurtos.
La percepción vecinal no es unánime, pero la sensación de inseguridad gana terreno. Algunos comerciantes reconocen que los robos se han disparado y que las noches en Bilbao ya no son lo que eran. Otros, sin embargo, relativizan los hechos y aseguran que la violencia no es tan extendida como se cuenta, aunque admiten que el abandono institucional y la falta de medidas de integración efectiva dejan a muchos jóvenes en un «limbo» que deriva en conflictividad.
El resultado es un casco viejo cada vez más degradado, donde el tránsito de patrullas policiales, los continuos avisos de ambulancias y los altercados en las calles han cambiado la vida de un barrio que debería ser un símbolo de la capital vizcaína. Hoy, el Nervión no acompaña con calma la vida de Bilbao: sus aguas parecen arrastrar la sombra de un problema de inseguridad que se enquista con cada nuevo episodio violento.