Moncloa mantiene intacta su apuesta por Rabat pese a la crisis de Ceuta
Sánchez descarta cualquier sanción a Marruecos tras la invasión de Ceuta: ni sanciones energéticas ni rectificación sobre el Sáhara
Sánchez descarta cualquier sanción a Marruecos tras la invasión de Ceuta: ni sanciones energéticas ni rectificación sobre el Sáhara
Pedro Sánchez es recibido por Mohamed VI el 21 de febrero de 2024, en Rabat. Archivo, EP
Por LGI
19 de agosto de 2026

El Gobierno de Pedro Sánchez no contempla endurecer su posición frente a Marruecos pese a la grave crisis migratoria registrada en Ceuta a finales de julio y mantiene intacta la política de acercamiento a Rabat iniciada hace más de cuatro años.

Moncloa sigue considerando al reino alauita un socio «fiable» y descarta tanto utilizar la dependencia energética marroquí de España como instrumento de presión como revisar el histórico giro sobre el Sáhara Occidental adoptado por Sánchez en marzo de 2022.

El Ejecutivo niega además estar preparando un plan de contingencia destinado a disuadir a Rabat ante futuras crisis migratorias, después de que distintos expertos y diplomáticos hayan reclamado elevar el tono frente al país vecino.

La decisión llega después de la entrada masiva de inmigrantes registrada en Ceuta durante los últimos días de julio, cuando Marruecos redujo las medidas de seguridad en su frontera, según las informaciones publicadas sobre los avisos recibidos por los servicios españoles.

Moncloa insiste en que Marruecos sigue siendo un aliado

A pesar de la magnitud de la crisis, Sánchez ha evitado responsabilizar públicamente a Rabat. Durante su visita a Ceuta del pasado 31 de julio, el presidente agradeció incluso a las autoridades marroquíes su «cooperación» para acelerar las repatriaciones.

El Gobierno mantiene así la tesis de que Marruecos continúa siendo un socio indispensable para controlar los flujos migratorios hacia España. Una posición que contrasta con las críticas de quienes consideran que Rabat utiliza periódicamente la presión migratoria como herramienta diplomática frente a Madrid.

Distintos expertos han enmarcado estos episodios dentro de lo que denominan «guerra híbrida»: utilizar movimientos masivos de población para generar una crisis humanitaria y presionar políticamente al país vecino. Moncloa rechaza esta interpretación.

El Gobierno niega que prepare cortes de electricidad o gas

La polémica aumentó después de que TVE informara de que el Ejecutivo estaría estudiando un supuesto «plan integral de contingencia» frente a Marruecos.

Según esa información, el Gobierno habría solicitado análisis sobre el suministro de electricidad, gas e hidrocarburos al reino alauita para conocer qué margen tendría España para utilizar la energía como instrumento de presión. Moncloa lo niega.

También Red Eléctrica y Enagás rechazan haber recibido encargos de ese tipo. El Ejecutivo sostiene que su respuesta continuará desarrollándose exclusivamente por la vía diplomática y que no estudia actualmente sanciones energéticas contra Rabat.

Marruecos depende ampliamente de las infraestructuras españolas

España dispone, sin embargo, de una importante capacidad de presión energética sobre Marruecos. Según los datos recogidos por The Objective, aproximadamente el 90% del gas que importa Marruecos procede directamente de España o es regasificado previamente en instalaciones españolas. La dependencia eléctrica también es considerable.

La interconexión submarina que atraviesa el estrecho de Gibraltar proporciona alrededor del 20% de la electricidad consumida por Marruecos, especialmente relevante para su industria. La infraestructura está compuesta por unos 29 kilómetros de cables submarinos situados a más de cien metros de profundidad y entró en funcionamiento en 1997.

Su importancia aumentó después de que Argelia rompiera relaciones diplomáticas con Rabat en 2021. Antes de disponer de esta conexión con España, los cortes de suministro eran considerablemente más frecuentes.

Rabat teme precisamente una presión energética española

La posibilidad de que España pudiera utilizar esa dependencia como instrumento diplomático ha generado preocupación en Marruecos. Medios marroquíes han reconocido la vulnerabilidad que supondría una eventual reducción del suministro procedente de España.

Pero el Gobierno de Sánchez insiste en que esa posibilidad no está sobre la mesa. Lejos de reducir los vínculos energéticos, Madrid y Rabat han seguido reforzándolos durante los últimos años. Marruecos se ha convertido en el segundo mayor cliente del gas español, únicamente por detrás de Francia y por delante de países como Italia y Portugal.

Las exportaciones de este combustible hacia territorio marroquí eran prácticamente inexistentes hasta mediados de 2022, cuando comenzó a utilizarse en sentido inverso el gasoducto del Magreb.

Sánchez incluso estudia otro cable eléctrico con Marruecos

La política energética del Ejecutivo apunta precisamente en la dirección contraria a una ruptura. El Gobierno estudia actualmente construir una nueva interconexión eléctrica entre España y Marruecos, incluida dentro de un plan de inversiones para la red española valorado en unos 13.000 millones de euros.

El proyecto ya aparecía en planificaciones anteriores, pero su coste se ha disparado. La estimación inicial rondaba los 216 millones de euros, mientras que actualmente se aproxima a los 400 millones. Así, después de una de las mayores crisis fronterizas vividas por Ceuta, la estrategia de Moncloa sigue pasando por profundizar la integración energética con Marruecos, no reducirla.

Tampoco habrá rectificación sobre el Sáhara

El Gobierno tampoco contempla modificar su posición respecto al Sáhara Occidental. En marzo de 2022, Sánchez rompió con décadas de política exterior española al aceptar el plan de autonomía marroquí como «la base más seria y realista» para solucionar el conflicto. La decisión fue conocida públicamente después de que Marruecos difundiera una carta enviada por el presidente español a Mohamed VI.

El giro no había sido previamente debatido ni en el Congreso ni en el Consejo de Ministros y provocó una profunda crisis diplomática con Argelia, tradicional aliado del Frente Polisario. Pese a la nueva tensión migratoria en Ceuta, el Ejecutivo no estudia rectificar.

La crisis de Ceuta revive el precedente de 2021

No es la primera vez que la frontera ceutí se convierte en escenario de una crisis diplomática con Marruecos. En mayo de 2021, miles de personas cruzaron hacia la ciudad autónoma después de que las autoridades marroquíes relajaran sus controles fronterizos.

El episodio coincidió con la crisis provocada por la hospitalización en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Desde entonces, distintas voces de la diplomacia y los servicios de seguridad han advertido de la capacidad de Rabat para utilizar los flujos migratorios como mecanismo de presión política.

La situación volvió a agravarse este verano después de que una sentencia del Tribunal Supremo limitara las denominadas devoluciones en caliente de quienes alcanzan Ceuta a nado.

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