
Más de seis de cada diez adolescentes españoles no son capaces de mencionar el nombre de una víctima asesinada por la banda terrorista ETA, según un estudio elaborado por la Universidad de Navarra tras analizar a más de 1.000 alumnos de Educación Secundaria Obligatoria en 2024. Aunque el nombre más recordado es el de Miguel Ángel Blanco, apenas un 7,4% de los estudiantes sabe explicar con precisión quién fue y qué sucedió en su secuestro y asesinato.
La investigación, de ámbito nacional, refleja que ETA continúa siendo la organización terrorista más reconocida entre los jóvenes: un 72% la cita de forma espontánea. El terrorismo yihadista, en cambio, aparece con menor frecuencia en sus respuestas. Sin embargo, el conocimiento concreto sobre las víctimas resulta muy limitado. Sólo el 38% de los encuestados logra mencionar algún nombre propio, y el caso que más se repite es el del concejal del Partido Popular asesinado por Xabier García Gaztelu, conocido como «Txapote». También llama la atención que muchos estudiantes no sepan identificar a Luis Carrero Blanco, presidente del Gobierno asesinado por ETA en 1973 y figura clave en la etapa final del franquismo.
El trabajo pone de relieve una paradoja: el 77% de los alumnos considera que el terrorismo sigue siendo un problema vigente y el 72% defiende que debe abordarse en las aulas, pero más del 60% admite que sus conocimientos sobre esta parte de la historia reciente de España son escasos o inexistentes. Existe, por tanto, interés declarado, aunque acompañado de un evidente vacío formativo.
En contraste, el 65% estima imprescindible conservar viva la memoria de las víctimas, frente a un 11,6% que opta por «pasar página». El porcentaje a favor de mantener ese recuerdo asciende hasta el 74% entre quienes han escuchado testimonios directos de afectados por el terrorismo, lo que evidencia el impacto que produce el contacto personal con quienes sufrieron la violencia.
Precisamente, el estudio identifica dos elementos determinantes para mejorar el conocimiento: haber tratado el terrorismo en el entorno escolar y haber asistido al relato de una víctima. Los alumnos que han participado en programas educativos específicos no solo muestran datos más precisos, sino también mayor sensibilidad hacia quienes padecieron los atentados y un rechazo más firme de la violencia.
En cuanto a las fuentes de información, los medios de comunicación encabezan la lista con un 59,1%. No obstante, la familia (43,1%) y el colegio, con cifras cercanas al 40%, adquieren un peso relevante, lo que supone un cambio respecto a análisis anteriores en los que la escuela desempeñaba un papel mucho más secundario.
Los participantes pertenecen a lo que los investigadores denominan la «generación de la posmemoria«: jóvenes que nacieron cuando ETA ya se encontraba en su fase final o tras el cese definitivo de la violencia, y que, por tanto, no vivieron directamente los años más duros del terrorismo. El estudio confirma así que el paso del tiempo, si no va acompañado de una transmisión activa del recuerdo, termina por diluir incluso los nombres de quienes pagaron con su vida.