
La Administración Trump ha incluido al ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero entre las cinco principales figuras que, según Washington, forman parte del núcleo de poder que sostiene al actual régimen venezolano. Fuentes próximas al Ejecutivo estadounidense del diario El Debate aseguran que el listado lo encabezan Nicolás Maduro, junto a Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López y el propio Zapatero, a quien en la Casa Blanca consideran uno de los más firmes defensores internacionales del chavismo.
En los círculos republicanos más próximos a Donald Trump se ha extendido la idea de que el antiguo dirigente socialista español actúa como un auténtico emisario de Maduro en el exterior. Algunos congresistas y senadores habrían debatido incluso la posibilidad de impulsar una declaración pública de condena a su actividad en Venezuela. Según estas mismas fuentes, no se descarta que se impongan restricciones a su entrada en territorio estadounidense.
El secretario de Estado, Marco Rubio, habría puesto como prioridad desmantelar la red política y económica que, desde su punto de vista, sostiene al Gobierno de Caracas. En ese contexto, se observa con recelo el papel desempeñado por Zapatero en diferentes misiones diplomáticas, que para Washington no serían de mediación sino de apoyo político a Maduro y a su entorno.
La figura del expresidente español vuelve así a situarse en el centro del tablero internacional, especialmente a la espera de las revelaciones de Hugo «El Pollo» Carvajal, exjefe de inteligencia del chavismo, quien ha prometido ofrecer detalles sobre las supuestas relaciones económicas y gestiones de Zapatero en Venezuela. Estas declaraciones podrían conocerse en las próximas semanas y, según se comenta en medios diplomáticos, marcarían un punto de inflexión en su trayectoria.
Desde hace tiempo, la Administración Trump considera «inaceptable» la cercanía del exlíder socialista al Gobierno venezolano. En opinión de varias fuentes republicanas, su papel habría contribuido a que España mantuviera una postura ambigua respecto a la crisis de Caracas. Además, se le atribuye haber actuado como enlace en cuestiones de interés chino tanto en España como en otros países, lo que ha incrementado el descontento en Washington.
La tensión diplomática entre Estados Unidos y el Ejecutivo de Pedro Sánchez no ayuda a mejorar el panorama. El actual presidente español, muy próximo a Zapatero, tampoco goza de buena consideración en los entornos de Trump. Sus posiciones favorables a la causa palestina, su acercamiento a China y su actitud distante con Washington han deteriorado la confianza entre ambos gobiernos.
Ese distanciamiento se refleja, entre otros gestos, en el prolongado retraso de la designación de un embajador estadounidense en Madrid, interpretado como una muestra del escaso interés de la Casa Blanca por estrechar la relación bilateral. Todo ello ocurre mientras en Estados Unidos crecen las voces que hablan abiertamente de una posible intervención limitada en Venezuela, calificada de «quirúrgica», aunque con la advertencia de que podría ampliarse si Caracas responde con hostilidad.