
LA GACETA ha tenido acceso en exclusiva a las imágenes de videovigilancia de un local próximo a la estación de autobuses de Jaén donde se produjo el grave incidente. Según fuentes policiales consultadas por este medio, un inmigrante ilegal de origen magrebí intentó raptar a una niña el pasado Lunes Santo en plena zona céntrica de la capital jienense. El sujeto fue denunciado, pero la denuncia no fue finalmente ratificada. Pese a contar con una orden de expulsión en vigor, el individuo se encuentra en libertad y, según los testimonios recopilados, consume alcohol a diario en las mismas calles donde ocurrió el suceso.
El hecho no es una anécdota aislada. Como ya denunciaba LA GACETA el pasado 5 de enero, la campaña de la aceituna ha convertido determinados puntos de Jaén —especialmente los alrededores de la estación de autobuses y la calle Navas de Tolosa— en un foco de inseguridad: peleas a plena luz del día, acoso a mujeres, hurtos, robos con violencia, exhibicionismo y ocupación masiva del espacio público por inmigrantes en situación ilegal. Meses después, la situación no solo persiste, sino que se agrava con episodios que directamente atentan contra la integridad de los menores.
Fuentes policiales consultadas en exclusiva por LA GACETA confirman además que Jaén está viviendo en las últimas semanas un incremento inusual de población de origen marroquí y argelino. La mayor parte de estos individuos presenta un alto consumo de estupefacientes y se ve envuelta, en ocasiones, en hechos delictivos de diferente naturaleza. Este flujo descontrolado se superpone a la mano de obra temporal agrícola, pero sin los controles ni la planificación necesarios, lo que genera saturación en albergues y un deterioro evidente de la convivencia.
Según testimonios recopilados por este medio, el hartazgo vecinal es absoluto. «Los vecinos de la zona estamos hartos. No hay vigilancia. No podemos sacar los coches de los garajes a ciertas horas, estamos en la ‘cárcel’ y con miedo», relata una vecina. Otra mujer explica que no se atreve a ir sola a por su coche por las noches porque teme que le pidan tabaco o que dos o tres entren en el portal mientras espera el ascensor. «¿Hasta cuándo?», se pregunta.
Los incidentes con menores se repiten. En el Bulevar de Jaén capital, durante el encuentro solidario de cortadores de jamón, un individuo intentó llevarse a una niña de cuatro años. Según los mismos testimonios vecinales, «al día siguiente, el domingo, se intentaron llevar a una niña por el teatro infantil Leonor», advierten los residentes. Otro vecino relata cómo dos magrebíes —uno de ellos con muletas— le cortaron el paso en la esquina entre Calle Castilla y Millán de Priego para pedirle la hora. Al negarse, comenzaron a gritar, insultar y simular una persecución. “El de las muletas casi tuvo el milagro de soltarlas y salir corriendo detrás mía”, asegura.
Los vecinos llevan meses exigiendo una solución concreta y urgente, la reubicación provisional de la estación de autobuses. «Que se reubique la estación, aunque sea de forma provisional, pero desde hoy mismo. Lo llevamos pidiendo desde hace meses. Porque la próxima vez puede que no haya tanta suerte”, reclaman. No obstante, en esta medida no hay consenso y algunos advierten que trasladar el problema a otro barrio no resuelve nada.
La situación descrita por las fuentes policiales y los testimonios vecinales pone de manifiesto una desconexión preocupante entre la realidad diaria de los jienenses y la respuesta institucional. El albergue municipal se satura, la contratación en origen no cubre la demanda real y las órdenes de expulsión se acumulan sin ejecutarse. Mientras, las familias jienenses ven cómo sus hijos ya no pueden jugar con tranquilidad en algunas zonas céntricas, las mujeres evitan salir solas de noche y los comercios y garajes sufren la presión de una inseguridad que ya no se percibe como esporádica.