
Un grupo de científicos y académicos de la Asociación de Realistas Climáticos (ARC) ha negado que el cambio climático sea el responsable de los devastadores incendios que este verano han arrasado más de 415.000 hectáreas en España, como sostiene el Gobierno. Según adelanta The Objective, esta organización, que nació tras la riada de Valencia con la intención de combatir lo que llaman «alarmismo climático», el repunte de grandes catástrofes naturales responde más a factores políticos y de gestión que a un supuesto agravamiento del clima.
En su último comunicado, la ARC subraya que los datos históricos muestran una clara disminución en la superficie quemada tanto en España como a nivel global. Entre 1975 y 2020, la tendencia fue de reducción constante: en la década de los ochenta se quemaba hasta tres veces más superficie que en la de 2010. Además, en todo el mundo la extensión devastada por los incendios cayó un 28,5% en dos décadas, pasando de 463 millones de hectáreas en 2002 a 331 en 2022, según cifras del Global Wildfire Information System.
Los expertos destacan que fenómenos extremos como los fuegos de este año o la riada de Valencia en octubre no se corresponden con un patrón climático creciente, sino con episodios aislados de gran magnitud estadística. La inundación, por ejemplo, es catalogada por los realistas como un evento de dos sigmas —extraordinario, pero que ocurre cada dos o cuatro décadas—, mientras que los recientes incendios constituyen un suceso de tres sigmas, de muy baja probabilidad natural.
La ARC recuerda, además, que un estudio del CSIC y la Universidad de Zaragoza, publicado en la International Journal of Climatology, concluyó que no se detecta un aumento en la frecuencia de lluvias extremas en la península pese al calentamiento global. Para este colectivo, esa evidencia científica respalda que no existe un vínculo directo entre cambio climático y los fenómenos vividos en España durante los últimos años.
La asociación insiste en que las políticas climáticas «desmesuradas» han tenido un efecto contraproducente. Citan como ejemplo el gran apagón que se produjo poco después de batirse récords de generación renovable en plena transición energética, interpretado como otro signo de «causalidad política». En su opinión, la brusca ruptura de la tendencia descendente en incendios desde 2022 debe entenderse dentro de este marco, más ligado a la gestión deficiente y a decisiones políticas que a un cambio climático progresivo.
Por último, los realistas climáticos recuerdan que incluso el Departamento de Energía de Estados Unidos ha cuestionado que el CO2 suponga una amenaza sanitaria, y señalan que gastar recursos en reducir emisiones nacionales apenas tendría impacto en la temperatura global ni en la seguridad de los ciudadanos. «España se ha convertido en un ejemplo de cómo la lucha contra el clima, planteada de forma quijotesca, desvía recursos mientras deja desprotegida a la población ante tragedias previsibles», concluyen.