Alrededor de las chabolas ha surgido además una economía paralela
Violencia, mercado negro, enfermedades, abusos sexuales… la realidad de la playa del Trampolín de Ceuta, ‘no-go zone’ de los invasores
Violencia, mercado negro, enfermedades, abusos sexuales… la realidad de la playa del Trampolín de Ceuta, ‘no-go zone’ de los invasores
Playa de El Trampolín. LA GACETA
Por Unai Cano
24 de septiembre de 2026

La playa del Trampolín ya no es de los ceutís. El arenal que hasta el pasado 30 de julio era utilizado con normalidad por los vecinos se ha convertido en uno de los mayores asentamientos improvisados de la ciudad autónoma. Y lejos de desaparecer, la sensación sobre el terreno es que se consolida. LA GACETA ha comprobado cómo las chabolas son cada vez más grandes y resistentes, construidas con cañas, maderas, plásticos, lonas y cartones. Algunas han sido ampliadas durante las últimas semanas y ya hay estructuras levantadas en altura, incluso con una segunda planta improvisada.

Las cifras tampoco permiten hablar de una situación residual. Miles de personas continúan asentadas en distintos puntos de Ceuta y una parte importante permanece todavía en el entorno del Trampolín y la playa Benítez, pese a los distintos dispositivos habilitados para trasladarlos. Sobre el terreno, además, la impresión es que el número de ocupantes no disminuye al ritmo esperado y que las construcciones siguen creciendo con el paso de los días.

Alrededor de las chabolas ha surgido además una economía paralela. Sobre mantas colocadas en la arena se venden zapatos, ropa, productos de higiene, pan y comida preparada, además de ofrecerse servicios como cortes de pelo. LA GACETA pudo observar alimentos expuestos y preparados en condiciones muy alejadas de las de un establecimiento convencional, sin refrigeración ni controles sanitarios visibles. También se han instalado puestos de venta ambulante y pequeños espacios comerciales improvisados dentro del propio asentamiento.

El problema se agrava al caer la noche. Durante la estancia de este periódico en la zona se pudo comprobar el consumo de alcohol y un ambiente completamente distinto al que presenta el asentamiento durante el día. Vecinos y personas que frecuentan el entorno denuncian también compraventa de droga, mientras que las Fuerzas de Seguridad han tenido que intervenir en distintas ocasiones por peleas, reyertas, agresiones e incluso prostitución.

LA GACETA también sufrió esa tensión en primera persona. Cuando este periódico intentó acceder al Trampolín durante la noche, numerosos ocupantes comenzaron inmediatamente a gritar «fuera, fuera» y a proferir insultos, entre ellos acusaciones de «racista». La situación fue aumentando hasta obligar a abandonar la zona. Mientras el vehículo se alejaba del asentamiento recibió varios impactos de objetos, entre ellos piedras y botellas.

A todo ello se suman hogueras encendidas entre las construcciones, unas utilizadas para cocinar y otras para calentarse durante la noche. La llegada del otoño y posteriormente del invierno puede incrementar el uso de estos fuegos en un espacio formado fundamentalmente por plásticos, telas, cartones, madera y cañas, materiales especialmente vulnerables en caso de incendio.

Durante el recorrido efectuado por LA GACETA, la imagen era además abrumadoramente masculina y joven, con una presencia visible prácticamente inexistente de mujeres y niños en buena parte de la playa. La mayoría de las personas observadas eran varones jóvenes, muchos de ellos aparentemente mayores de edad.

La preocupación sanitaria es otro de los grandes problemas del asentamiento. Miles de personas llevan semanas viviendo sin las instalaciones de saneamiento propias de un alojamiento estable, en condiciones de hacinamiento y con una gestión muy limitada de residuos, agua, comida y productos perecederos. En las últimas semanas también se han detectado casos de enfermedades infecciosas entre personas llegadas a la ciudad, aunque las autoridades sanitarias han negado la existencia de un brote generalizado.

A ello se añade el incremento de los delitos sexuales registrados en Ceuta desde finales de julio. Los juzgados de la ciudad han abierto decenas de procedimientos por agresión sexual desde la entrada masiva, algunos de ellos con víctimas menores de edad. Estos datos afectan al conjunto de la ciudad y no pueden atribuirse exclusivamente al Trampolín, aunque contribuyen a reforzar la sensación de inseguridad que trasladan muchos vecinos.

Más de cincuenta días después de la entrada masiva del 30 y 31 de julio, el Trampolín ha dejado de funcionar en la práctica como una playa para convertirse en un asentamiento estable, con calles improvisadas entre chabolas, puestos comerciales, zonas de cocina y refugios que continúan transformándose. Los sucesivos intentos de realojo han reducido parcialmente la presión, pero no han devuelto el arenal a su situación anterior. Y sobre el terreno queda una impresión difícil de ignorar: lo que hace semanas parecía provisional comienza a adquirir aspecto de permanencia.

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