La batalla en Washington contra el islamismo político entra en una nueva fase. La Administración Trump afronta una creciente presión para designar a los Hermanos Musulmanes (MB) como organización terrorista extranjera, una medida reclamada por gobernadores republicanos, congresistas de ambos partidos y varios centros de estudios especializados en seguridad nacional.
Aunque en su primer mandato Trump sopesó esta posibilidad, nunca llegó a materializarla. Ahora, en su segundo mandato, altos cargos del Gobierno reconocen que la designación está «en marcha», aunque el proceso es complejo por la amplia red de ramas y organizaciones afiliadas que la Hermandad ha tejido a lo largo de un siglo.
El gran impulso político llegó la semana pasada desde Texas. El gobernador Greg Abbott anunció que el estado ha designado a los Hermanos Musulmanes y al Council on American-Islamic Relations (CAIR) como «organizaciones terroristas extranjeras y criminales transnacionales», prohibiendo a sus miembros adquirir propiedades en el estado. Abbott acusó a ambos grupos de promover la imposición de la sharía, apoyar el terrorismo global y subvertir las leyes estadounidenses mediante intimidación y violencia. «Estos extremistas no son bienvenidos en Texas», advirtió.
CAIR ha respondido con una demanda federal contra el gobernador, acusándolo de islamofobia y de «inventar teorías conspirativas» para criminalizar a activistas críticos con Israel.
En paralelo, Abbott ordenó al Departamento de Seguridad Pública de Texas abrir investigaciones penales contra ambas organizaciones para identificar y desmantelar cualquier actividad de radicalización o apoyo al terrorismo dentro del estado.
En Washington, la presión también se intensifica. El secretario de Estado Marco Rubio confirmó en agosto que la designación de los Hermanos Musulmanes está siendo evaluada, aunque subrayó que «la revisión debe ser cuidadosa» para evitar que los tribunales bloqueen la medida. Rubio también reconoció que existen «ramas de grave preocupación» que ya podrían cumplir los criterios de terrorismo.
En el Congreso, el senador Ted Cruz y otros republicanos promueven desde julio un proyecto de ley para declarar a la Hermandad como organización terrorista extranjera. También lo respaldan demócratas como Jared Moskowitz, quien citó la «documentada historia de apoyo al terrorismo» del grupo. Otro proyecto, presentado por los congresistas Mario Díaz-Balart y Moskowitz, reclama una estrategia «modernizada» para bloquear la entrada de miembros de la Hermandad en EEUU y cortar cualquier financiamiento con dólares estadounidenses.
A nivel internacional, varios países ya han actuado. Egipto, Jordania, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin han prohibido o catalogado a los Hermanos Musulmanes como organización terrorista, alertando de su papel en la expansión del islamismo radical.
Los antecedentes ideológicos de la Hermandad son sobradamente conocidos: fundada en Egipto en 1928, su objetivo declarado es la instauración de un califato regido por la sharía. Sus ideólogos —especialmente Sayyid Qutb— inspiraron décadas de yihadismo global, incluidos grupos como al-Qaeda, Estado Islámico y especialmente Hamas, considerada su rama palestina.
Think tanks como la Foundation for Defense of Democracies (FDD) o el Institute for the Study of Global Antisemitism and Policy (ISGAP) advierten que la Hermandad es «la puerta de entrada al terrorismo» y que su estrategia de infiltración en democracias occidentales se basa en «el yihad civilizacional», una forma de subversión política que explota las libertades occidentales para avanzar una agenda profundamente antidemocrática.
En Europa, servicios de inteligencia de países como Francia han alertado en informes internos de que la Hermandad busca instaurar una hegemonía ideológica mediante la infiltración en asociaciones religiosas, educativas y comunitarias.