Nueva York acumula más de 57.000 apartamentos vacíos sometidos al régimen de estabilización de alquileres, pese a atravesar una profunda crisis de acceso a la vivienda. Muchos propietarios aseguran que prefieren mantenerlos cerrados antes que afrontar unas reformas cuyo coste difícilmente pueden recuperar con las rentas máximas permitidas por la legislación.
Así lo recoge The Wall Street Journal, que señala que un mecanismo diseñado para abaratar la vivienda está provocando en determinados casos el efecto contrario: reducir todavía más la oferta disponible.
El problema ha cobrado especial relevancia bajo el mandato de Zohran Mamdani, convertido en uno de los principales defensores de una mayor intervención pública del mercado inmobiliario y de la congelación o limitación de los alquileres.
El diario estadounidense expone el caso de un apartamento cuyo alquiler está limitado a apenas 672 dólares mensuales y que requiere una rehabilitación integral después de décadas de uso.
El propietario calcula que las obras pueden alcanzar los 120.000 dólares. Para recuperar esa inversión, sostiene que necesitaría alquilar la vivienda por alrededor de 3.000 dólares mensuales, una cifra imposible bajo el actual régimen de control de rentas.
La normativa permite que determinadas mejoras se traduzcan en incrementos del alquiler, pero únicamente hasta ciertos límites. En el caso analizado, la cantidad de inversión que puede utilizarse como referencia para subir la renta está restringida a 50.000 dólares, con un periodo de recuperación de 15 años. El resultado es una paradoja: para algunos propietarios resulta económicamente más racional dejar el inmueble vacío y deteriorándose que invertir decenas de miles de dólares para volver a introducirlo en el mercado.
Según los datos recogidos por The Wall Street Journal, Nueva York cuenta con más de 57.000 apartamentos estabilizados que permanecen vacíos. Muchos de ellos responden a un patrón similar: viviendas ocupadas durante décadas que, tras quedar libres, necesitan reformas importantes antes de poder volver a alquilarse.
La situación se produce mientras la ciudad sufre una grave escasez de vivienda y miles de personas compiten por una oferta cada vez más limitada.