
Donald Trump no ha necesitado el «permiso» de Bill Gates, el multimillonario y arrepentido defensor a ultranza del pánico climático, para llamar «estafa» a toda la agenda y salirse del Pacto de París, pero ahora da un paso más: su administración La ha anunciado que ampliará en 625 millones de dólares los programas para impulsar la industria del carbón nacional, manteniendo abiertas las centrales, reduciendo los costes energéticos y manteniendo la competitividad de Estados Unidos a nivel mundial.
Lo anunció la semana pasada Christopher Wright, secretario de Energía, en una entrevista en FOX Business, asegurando que el carbón es «fundamental para el poderío industrial de Estados Unidos». Wright declaró a Fox Business que Estados Unidos posee «enormes reservas de carbón» que podrían tener un uso productivo. El carbón es la tercera fuente de electricidad más importante de Estados Unidos después del gas natural y la energía nuclear, y, en palabras de Wright, «la columna vertebral de la producción de acero» y fundamental para la producción de cemento. «El carbón es lo que mueve el mundo», dijo Wright a Fox Business, «y han intentado asfixiarlo, especialmente las administraciones de Biden, empezando por la de Obama».
Wright explicó que los 625 millones de dólares se utilizarán para modernizar las centrales de carbón existentes y mantenerlas abiertas, al tiempo que se proporcionarán nuevos controles para garantizar que las centrales eléctricas «funcionen de forma más limpia y eficiente». Wright insistió en que la industria del carbón tiene un largo futuro a pesar de los esfuerzos de quienes desean que desaparezca, afirmando: «Es fundamental para nuestro país».
«Al presidente Trump le eligieron para volver al sentido común», concluyó Wright, recordando que “el carbón es una parte importantísima de nuestra red eléctrica actual”, y prometiendo «detener el cierre» de todas las centrales de carbón que la Administración Biden y algunos gobernadores demócratas habían decidido paralizar.
«Vamos a exportar más de ese carbón, lo vamos a utilizar para la industria estadounidense, particularmente a medida que nos reindustrializamos, y seguirá proporcionando entre el 15% y el 16% de nuestra electricidad y nos permitirá reindustrializarnos», dijo Wright.
Para la América de Donald Trump, el dogma del «cambio climático», jaleado por las instancias globalistas y los países rivales de Occidente, que incumplen cínicamente las medidas que promueven, es ya una pesadilla económica y de control social que ha terminado.