
La Administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene conversaciones internas para estudiar la posibilidad de ofrecer asilo a los judíos del Reino Unido, en un contexto de creciente inseguridad y aumento del antisemitismo en suelo británico. Así lo revela The Telegraph, que cita como principal impulsor de la iniciativa al abogado personal del mandatario estadounidense, Robert Garson.
Garson, nacido en Manchester y afincado en Estados Unidos desde 2008, asegura que el Reino Unido «ya no es un lugar seguro para los judíos«. Su diagnóstico se apoya en el atentado islamista contra una sinagoga en Manchester y en el repunte de incidentes antisemitas tras los ataques de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023.
En declaraciones al diario británico, el abogado afirma no ver «ningún futuro» para la comunidad judía en el Reino Unido y responsabiliza de forma directa al primer ministro, Keir Starmer, por permitir que el antisemitismo se normalice en la vida pública. A su juicio, la falta de respuesta política y judicial ha generado un clima de impunidad.
Garson ha trasladado esta preocupación al Departamento de Estado y al enviado especial de la Casa Blanca para combatir el antisemitismo, el rabino Yehuda Kaploun, que desempeña su labor a nivel de embajador. El abogado forma parte además del consejo del United States Holocaust Memorial Council, cargo para el que fue nombrado por Trump tras cesar a miembros designados durante la Administración Biden.
Según Garson, la posibilidad de ofrecer refugio en Estados Unidos a los judíos británicos resulta «una opción atractiva» para Washington. Destaca que se trata de una comunidad «altamente educada, angloparlante y con baja criminalidad», un perfil que, afirma, ha sido valorado en conversaciones internas con responsables del Departamento de Estado.
El abogado, que reside en Florida y cuyo peso político dentro del entorno de Trump ha ido en aumento, sostiene que el problema no se limita a episodios aislados. Denuncia la inacción del Crown Prosecution Service, al que acusa de negarse a perseguir penalmente a manifestantes que, tras los ataques de los terroristas de Hamás, glorificaron la violencia sexual y el asesinato de judíos en las calles británicas.
Con experiencia como penalista en Londres, Garson lamenta la falta de voluntad para aplicar la Ley de Orden Público frente a las protestas radicales contra Israel. A su juicio, el Gobierno británico ha optado por mirar hacia otro lado mientras el antisemitismo se extiende.
El abogado va más allá y alerta de un deterioro estructural del país si el islamismo no se frena. Advierte de la posible implantación de zonas regidas por la sharía y cuestiona que organizaciones como la Guardia Revolucionaria iraní o la Hermandad Musulmana no hayan sido ilegalizadas en Reino Unido.
Mientras tanto, en Washington, la idea de convertir a Estados Unidos en refugio para los judíos británicos comienza a abrirse paso como una respuesta política a lo que desde el entorno de Trump describen como un fracaso del Estado británico para proteger a una de sus minorías históricas.