«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La Casa Blanca acelera el cerco contra el chavismo

La jefe de gabinete de Trump confirma que buscan un cambio de régimen en Venezuela: «Seguirán volando los barcos hasta que Maduro tire la toalla»

Susie Wiles. Europa Press.

En una nueva declaración, Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca, ha confirmado lo que durante años fue un secreto a voces: la estrategia de Donald Trump hacia Venezuela no se limita a la lucha antidroga, sino que persigue abiertamente forzar la salida del régimen de Nicolás Maduro.

En una entrevista para Vanity Fair, las palabras de Wiles no dejan margen a la ambigüedad. «Trump quiere seguir volando barcos hasta que Maduro tire la toalla», afirmó, añadiendo que expertos con amplio conocimiento del dossier venezolano consideran que la estrategia terminará dando resultado. Lejos de tratarse de un lapsus, la afirmación refleja una visión coherente con la doctrina de máxima presión que Trump ya aplicó contra otros regímenes hostiles a Occidente.

Durante años, la política exterior occidental ha estado atrapada en un lenguaje eufemístico que evita llamar a las cosas por su nombre. Las declaraciones de Wiles rompen con esa inercia: la presión naval, las operaciones de interdicción y el cerco económico no son un fin en sí mismo, sino instrumentos legítimos para acelerar el colapso de una dictadura criminal sostenida por el narcotráfico, la corrupción y el apoyo de potencias hostiles.

La admisión contrasta con la posición formal de la Administración, que presenta estas acciones como operaciones contra el tráfico de drogas. Sin embargo, para amplios sectores conservadores en Estados Unidos y Europa, esa explicación resulta insuficiente: el narcotráfico venezolano no es un fenómeno aislado, sino una herramienta estructural del régimen chavista para financiar su supervivencia.

La estrategia defendida por Trump y explicitada ahora por su jefa de gabinete se basa en una premisa clara: sin capacidad operativa, sin rutas de financiación y bajo un cerco constante, la dictadura termina resquebrajándose desde dentro. No se trata de una invasión clásica, sino de una asfixia estratégica sostenida.

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