
La alcaldesa demócrata de Los Ángeles, Karen Bass, ha vuelto a desatar la polémica al defender que las personas sin hogar adictas a la metanfetamina reciban una atención sanitaria integral que incluya tratamiento dental e incluso nuevas dentaduras, una propuesta que sus críticos interpretan como otro ejemplo del fracaso progresista en la gestión de la crisis de indigencia y drogas en la ciudad.
Durante un acto público, Bass preguntó cuántas personas sin hogar carecen completamente de dientes y vinculó esa situación al consumo de metanfetamina. «No tienen dientes, ¿por qué? Porque la metanfetamina pudre los dientes. No se puede triunfar sin dientes. Por eso debe haber una atención sanitaria integral para las personas», afirmó la alcaldesa. La intervención fue recogida por medios conservadores estadounidenses y difundida ampliamente en redes sociales.
La frase ha sido interpretada por sus detractores como una propuesta para financiar con dinero público tratamientos dentales a indigentes consumidores de droga, en una ciudad que lleva años atrapada por el aumento del sinhogarismo, la inseguridad, los campamentos callejeros y el deterioro de barrios enteros.
El problema de fondo es que Los Ángeles no ha logrado contener la crisis pese a los miles de millones destinados a programas sociales, vivienda y servicios para personas sin hogar. Para los críticos de Bass, plantear tratamientos dentales para adictos mientras la ciudad no resuelve el consumo en la calle ni la ocupación del espacio público equivale a intentar reformar una casa mientras sigue ardiendo.
La polémica llega además en plena carrera política local, con el republicano Spencer Pratt intentando capitalizar el malestar ciudadano contra Bass. Pratt ha centrado parte de su campaña en denunciar la degradación urbana, la falta de autoridad y el peso de las organizaciones subvencionadas en la gestión de la crisis social angelina.
Los defensores de Bass sostienen que la pérdida dental puede ser una barrera real para la reinserción, el empleo y la recuperación personal. Sin embargo, sus adversarios replican que el Ayuntamiento sigue sin responder a la raíz del problema: la adicción, la permisividad, la inseguridad y una red de políticas públicas que, a su juicio, administra la miseria en lugar de resolverla.
La escena resume una contradicción habitual en las grandes ciudades gobernadas por la izquierda estadounidense. Mientras los contribuyentes pagan sus propios tratamientos médicos y dentales, las autoridades proponen ampliar prestaciones para personas que viven en la calle y consumen drogas, sin exigir de forma clara tratamiento obligatorio, desintoxicación o salida efectiva del circuito de dependencia.