La última campaña publicitaria de American Eagle, protagonizada por la actriz Sydney Sweeney, ha provocado una tormenta mediática tan desproporcionada como reveladora. Aunque se trata de un simple anuncio para vender vaqueros, medios izquierdistas han acusado a la marca y a la actriz de «promover la eugenesia«, «idealizar el nazismo» e incluso de «sexualizar la violencia doméstica».
El Washington Post lo calificó como «retrógrado» y «anclado en los valores de otra época». Y en ABC News, un panel con un profesor universitario concluyó que el vídeo «activa asociaciones históricas preocupantes», especialmente con «el movimiento eugenésico estadounidense».
Pero ¿qué ocurre realmente en el anuncio? Nada fuera de lo común. Sweeney aparece vestida con unos vaqueros de la marca y declara, con tono irónico, que «no va a decir que son los más cómodos que ha llevado nunca» ni que «hacen que su trasero luzca increíble». Entonces aparece un plano de su reflejo en el espejo y una voz masculina dice: «Sydney Sweeney tiene unos buenos jeans» (en inglés, «jeans» suena igual que «genes»).
Ese es el juego de palabras que ha generado el escándalo. En otro vídeo de la campaña, Sweeney comenta: “Los genes se transmiten de padres a hijos… Mis jeans son azules”. Una broma simple, inspirada en el famoso anuncio de Calvin Klein con Brooke Shields en los 80, que algunos sectores han querido convertir en una declaración supremacista.
Según Salon, el uso del término «buenos genes» evoca la eugenesia, la ideología que defendía la reproducción selectiva de personas «superiores» y la esterilización forzosa de otras. Críticos han comparado la campaña con los programas de esterilización del régimen nazi o con la idea de que algunas personas valen más por su herencia genética.
Estas acusaciones, completamente desproporcionadas, parecen menos motivadas por lo que se muestra en el anuncio que por lo que Sydney Sweeney representa. La actriz, con su estética clásica de chica atractiva, su actitud desenfadada hacia la atención masculina y su falta de militancia política, se ha convertido en un blanco habitual para la izquierda radical. Ya en 2022 intentaron cancelarla por tener familiares que apoyaban a Donald Trump y a los que no había «desautorizado» públicamente.
Lo que realmente molesta es que la belleza ha vuelto a la publicidad. Durante años, grandes marcas impusieron a los consumidores campañas protagonizadas por perfiles cada vez más alejados de cualquier canon estético tradicional: desde hombres trans promocionando sujetadores hasta personas andróginas vendiendo coches de lujo. En Reino Unido incluso se prohibieron anuncios por mostrar gente «demasiado atractiva».
Pero Sweeney ha demostrado que el público prefiere la belleza real a la diversidad forzada. El anuncio ha sido bien recibido: alrededor del 70% de quienes lo vieron lo valoraron de forma positiva. Las acciones de American Eagle subieron un 15% tras el lanzamiento de la campaña, lo que supuso un aumento de 400 millones de dólares en su valoración bursátil.
El contraste con campañas como la de Bud Light con Dylan Mulvaney —que hundió las ventas un 21% en una semana— o el giro eléctrico y «progresista» de Jaguar —cuyas ventas han caído un 97% en Europa—, es evidente.