
El islamismo y el extremismo extranjero fueron las principales amenazas a la seguridad de Alemania en 2025. Así lo confirman datos oficiales del Ministerio Federal de Justicia, que revelan que el 96% de los procedimientos abiertos por la Fiscalía Federal alemana estuvieron vinculados a terrorismo islamista o a estructuras extremistas foráneas.
La información fue remitida en respuesta a una pregunta parlamentaria formulada por Martin Hess, diputado de Alternativa para Alemania (AfD). De los 300 procedimientos iniciados por la Fiscalía Federal —encargada de investigar las amenazas más graves contra la seguridad del Estado—, 180 estuvieron relacionados con terrorismo islamista.
Otros 114 casos se encuadraron en la categoría de extremismo extranjero. En conjunto, ambas tipologías sumaron 294 investigaciones, lo que representa el 96% del total. En contraste, el «extremismo de derecha» apenas supuso el 3% de los procedimientos, mientras que sólo se abrieron dos investigaciones vinculadas al extremismo de izquierda.
Según el Ministerio de Justicia, los casos relativos al islamismo guardaban principalmente relación con delitos cometidos en el extranjero en conexión con organizaciones terroristas como el autodenominado Estado Islámico o los talibanes, con vínculos en Siria, Irak y Afganistán. Una parte significativa de estas causas fue posteriormente transferida a las fiscalías regionales de los 16 estados federados al no considerarse suficientemente graves para permanecer bajo competencia federal.
Martin Hess sostuvo que los datos constituyen una «acusación demoledora» contra la política migratoria alemana de la última década. A su juicio, la magnitud de los procedimientos relacionados con islamismo y extremismo extranjero refleja las consecuencias de decisiones adoptadas desde 2015, cuando Alemania abrió sus fronteras en el marco de la crisis migratoria.
El diputado afirmó que conflictos extranjeros, estructuras terroristas y redes islamistas han echado raíces en territorio alemán y criticó que los partidos tradicionales hayan centrado el debate casi exclusivamente en el extremismo de derecha, pese a que las cifras oficiales muestran una realidad distinta en términos de procedimientos judiciales por amenazas graves a la seguridad nacional.
Hess reclamó un giro en la política migratoria y una estrategia de «tolerancia cero» frente al islamismo, que incluya la deportación de delincuentes extranjeros y personas consideradas peligrosas, la aplicación estricta de la ley y el cierre de las brechas de seguridad.