Alemania no ha deportado a ningún criminal sirio desde el pasado 21 de enero, pese a que más de 11.000 sirios están obligados legalmente a abandonar el país. La prometida ofensiva de expulsiones del Gobierno de Friedrich Merz ha quedado paralizada por obstáculos administrativos y diplomáticos relacionados con la documentación necesaria para efectuar los retornos.
Según informa Welt am Sonntag, el principal bloqueo es la ausencia de documentos de viaje sustitutorios para devolver a Siria a personas que no cuentan con identificación válida. Desde finales de enero no se habría emitido ni un sólo documento adicional para deportaciones al país árabe, lo que ha dejado la política de retornos prácticamente congelada.
Merz había celebrado el inicio de las deportaciones de criminales sirios tras conversaciones con el nuevo Gobierno islamista que derrocó a Bashar al Assad a finales de 2024. Sin embargo, el balance real es mínimo: sólo cuatro personas fueron expulsadas por la fuerza durante los dos primeros meses del programa y ninguna más en los cuatro meses posteriores.
El Gobierno federal había anunciado que asumiría la coordinación para obtener los documentos de viaje, en lugar de dejar esa tarea a los estados federados. El Ministerio del Interior de Baviera explicó a Welt am Sonntag que el procedimiento especial difiere del proceso ordinario, ya que el Ejecutivo central se responsabiliza en la fase inicial de toda la operación, incluida la obtención de los papeles sustitutorios ante Siria.
No obstante, sigue sin estar claro cómo pretende la Policía Federal conseguir esos documentos. En los casos normales, los estados alemanes tramitan las solicitudes ante la embajada del país de origen. En el caso sirio, la Policía Federal no habría aclarado si el procedimiento se canaliza a través de la embajada siria en Berlín o por otras vías.
El resultado es que una política anunciada como un giro firme en materia migratoria se ha traducido en cifras residuales. La promesa de deportar a criminales y amenazas para la seguridad ha quedado reducida a un puñado de expulsiones, mientras miles de personas con obligación de abandonar Alemania permanecen en el país.
Merz ya había adoptado un tono duro sobre esta cuestión cuando estaba en la oposición. En diciembre de 2024, durante una intervención en ARD, afirmó que el tercio de sirios que trabajan y están integrados podía quedarse en Alemania, pero añadió que los otros dos tercios —en su mayoría hombres jóvenes sin empleo— podían y debían regresar.
El entonces líder opositor sostuvo que Alemania debía hablar con claridad a esos inmigrantes y decirles que no tenían un lugar en el país a largo plazo. También defendió que los retornos a determinadas zonas de Siria ya eran posibles desde hacía tiempo.
El debate se ha intensificado por las estadísticas de criminalidad difundidas por el propio Gobierno alemán. Según el Ministerio del Interior, sospechosos sirios fueron vinculados a 135.668 delitos contra víctimas alemanas entre 2015 y 2024, una cifra equivalente a un delito cada 39 minutos durante la última década.
En marzo, Merz se reunió en Berlín con el líder sirio Ahmed al Sharaa, con los retornos como uno de los asuntos centrales del encuentro. El canciller afirmó entonces que al Sharaa quería que alrededor del 80% de los sirios residentes en Alemania regresaran a su país en un plazo de tres años.
«Necesitamos una opción fiable de repatriación y cooperación con Siria», señaló Merz, al tiempo que defendió que muchos sirios eran necesarios para reconstruir su país. También anunció que los estatutos de protección serían revisados y advirtió de que quienes no tengan derecho a permanecer en Alemania deberán abandonar el país, especialmente aquellos que «abusen de nuestra hospitalidad».
Al mismo tiempo, el canciller subrayó que Alemania seguirá acogiendo a trabajadores cualificados sirios que se hayan integrado en la sociedad alemana.