
Alemania empieza a evidenciar las grietas de su capacidad militar. La falta de efectivos en la Bundeswehr ha llevado a plantear una medida extraordinaria: elevar la edad máxima de los reservistas hasta los 70 años.
La propuesta ha sido defendida por la Asociación de Reservistas del Ejército alemán, cuyo presidente, Bastian Ernst, sostiene que el país no puede permitirse prescindir de perfiles con experiencia en un momento de debilidad estructural. «Si faltan jóvenes en la base de la pirámide, hay que reforzar otros tramos», ha argumentado.
El debate se produce en paralelo a la elaboración de una nueva ley de servicio de reservistas impulsada por el Ministerio de Defensa, dirigido por Boris Pistorius, que será presentada en los próximos meses y que busca reorganizar el modelo militar alemán.
Más allá de la ampliación de la edad, desde el entorno de los reservistas se reclama también un cambio profundo en el sistema: eliminar las trabas que permiten a las empresas bloquear la participación de sus trabajadores en ejercicios militares. El objetivo es claro: garantizar una planificación más eficaz en caso de crisis.
La propuesta refleja un problema de fondo que Berlín ya no puede ocultar: la incapacidad de atraer suficientes nuevos reclutas en un contexto de creciente tensión geopolítica en Europa.
La Bundeswehr, que durante años ha operado bajo una lógica de desarme progresivo tras la Guerra Fría, se enfrenta ahora a una realidad distinta, marcada por la presión internacional y el rearme estratégico impulsado desde la OTAN.
El recurso a reservistas cada vez más veteranos no es solo una medida técnica: es el síntoma de un modelo que llega al límite. Mientras Alemania aspira a recuperar protagonismo militar en Europa, lo hace con un problema básico sin resolver: no tiene suficientes soldados para sostener esa ambición.