
El Gobierno de Austria ha lanzado un nuevo intento para prohibir que niñas menores de 14 años acudan con velo islámico a las escuelas, una medida que busca impedir que menores —en su mayoría musulmanas— lleven esta prenda por obligación familiar o por presión social dentro de los propios centros educativos.
El borrador legal fue aprobado por el consejo de ministros y será votado en diciembre. Si recibe luz verde, entrará en vigor en febrero de 2026. La norma prohíbe a las alumnas llevar «un pañuelo que cubra la cabeza conforme a tradiciones islámicas» y obliga a los padres a garantizar su cumplimiento bajo multas que irán de 150 a 800 euros.
El ministro de Educación, Christoph Wiederkehr (NEOS), afirmó estar «optimista» ante un posible aval del Tribunal Constitucional. Sin embargo, el precedente no es favorable: en 2020, la corte anuló una prohibición similar aprobada por el Gobierno de Sebastian Kurz, alegando discriminación religiosa.
La nueva propuesta incorpora un sistema progresivo de advertencias: primero una reunión entre la escuela, la alumna y los padres; luego una segunda cita con la autoridad escolar distrital; y sólo después, las sanciones económicas.
Pero el borrador va más allá: autoriza a las autoridades a suspender a alumnos que actúen como «guardianes morales», un fenómeno cada vez más extendido en colegios de Viena, donde más del 40% de los estudiantes de primaria y secundaria son musulmanes. Estos «vigilantes» presionan o intimidan a sus compañeras para que observen estrictamente normas islámicas de vestimenta o conducta.
La gran incógnita es si el Tribunal Constitucional volverá a tumbar la ley, especialmente después de su giro activista en los últimos años —desde la legalización del matrimonio homosexual en 2017 hasta la aprobación del suicidio asistido en 2020—.
Una vía alternativa sería aprobar la prohibición en rango constitucional, blindándola frente al tribunal. Para ello haría falta una mayoría de dos tercios en el Parlamento. Aunque el gobierno no la tiene, el Partido de la Libertad (FPÖ) ya ha mostrado disposición a apoyarla.
El obstáculo es la Socialdemocracia (SPÖ), que se niega a respaldar la reforma con esa mayoría reforzada. Oficialmente, aseguran que no quieren «esquivar al Tribunal Constitucional». Sin embargo, sus críticos apuntan a un cálculo electoral evidente: permitir que la corte lo tumbe mientras ellos aparentan apoyo a la medida, evitando así confrontar a su creciente electorado musulmán.