
Bélgica deja solo al Gobierno de Pedro Sánchez como único de Europa que quiere acabar con la energía nuclear. El Ejecutivo de Bart De Wever ha encontrado un nuevo respaldo a su apuesta por prolongar y ampliar la vida de esta fuente de energía tras la publicación de un informe de la Oficina Federal de Planificación, que analiza cómo garantizar el suministro eléctrico del país hasta 2050.
El documento contempla tres escenarios, pero el más eficiente en términos económicos y de seguridad energética es aquel en el que conviven una fuerte expansión de la energía eólica marina y la construcción de nuevas centrales nucleares. En ese planteamiento, la capacidad de los parques eólicos frente a la costa belga pasaría de 2,2 a 8 gigavatios, mientras que el parque atómico sumaría otros 8 gigavatios con nuevos reactores equivalentes a ocho unidades del tamaño de Doel 4.
Los técnicos del organismo federal advierten de que la transición energética disparará el consumo. Las proyecciones apuntan a que Bélgica superará los 200 teravatios-hora de demanda eléctrica en 2050, más del doble que en la actualidad. «Vamos hacia cifras nunca vistas», señaló Alex Van Steenbergen, coordinador del equipo de energía de la institución.
El modelo más conservador prescinde de nuevos reactores y apenas contempla interconexiones eólicas con países vecinos, lo que obligaría a cubrir buena parte del consumo con importaciones. Un tercer escenario plantea la dependencia de cables submarinos para recibir electricidad de parques marinos situados en Reino Unido, Países Bajos, Dinamarca y Alemania.
En todos los casos se prevén inversiones adicionales en energía solar y eólica terrestre, pero sin la participación nuclear el resultado es claro: el país debería comprar en el exterior hasta el 40% de la electricidad consumida en 2050, equivalente al uso actual anual de toda Bélgica. Con nuevas plantas atómicas, en cambio, la producción nacional cubriría cerca de un tercio de la demanda, reduciendo de forma notable la dependencia del extranjero.
El estudio subraya además que el escenario nuclear es el más barato. Incluyendo la inversión en redes, el precio medio de la electricidad quedaría en torno a 115 euros por megavatio-hora. En cambio, los modelos que prescinden de esta tecnología elevarían los costes entre un 25% y un 35%.
Aun así, los autores evitan recomendar una opción concreta. El director de la Oficina, Baudouin Regout, recalcó que además de los números hay factores políticos y estratégicos que deben evaluarse, como la gestión de los residuos radiactivos, la importación de combustible desde fuera de la UE o los posibles sobrecostes y retrasos en la construcción de nuevas plantas.
Lo que sí resulta evidente es que Bélgica se inclina cada vez más por mantener la energía nuclear en su mix eléctrico, mientras que en España el Gobierno de Sánchez insiste en un calendario de cierre que lo convierte en el único de la Unión Europea que sigue decidido a desmantelar esta fuente de generación.