
Con lo que cuesta hacerse clientes (o lectores) fieles y algunos directivos deciden que la mejor estrategia comercial es darles de petadas y, encima, por motivos políticos. La empresa BMV, propiedad de la familia Quandt y con sede en Múnich, ha decidido retirar el coche que usa el presidente del Parlamento de Sajonia-Anhalt porque ahora ese cargo lo desempeña un peligroso y malvado ultraderechista miembro de AfD.
El nuevo presidente del parlamento del pequeño estado alemán, Tobias Rausch, fue elegido el 6 de octubre gracias a los 39 diputados de su partido, más los cinco del partido de izquierdas contrario a la inmigración BSW y cuatro escindidos de la CDU democristiana. Por ahora, sigue usando el BMW de la serie 7 heredado de su predecesor, pero el contrato de ‘leasing’ concluye en noviembre y la empresa, según ha publicado la prensa alemana y confirmado el Parlamento, no va a renovarlo.
Se trata de una medida sorprendente. Sorprendente y anticomercial, pues implica enemistarse con muchos posibles clientes. Los votantes de AfD a nivel nacional fueron más de 10 millones en las elecciones federales de 2025 y BMW, que matriculó 253.712 vehículos en el país ese año, pretende renunciar a ellos. Y las encuestas indican que AfD es ya el primer partido del país.
Los líderes de Alternativa para Alemania, que no desaprovechan una ocasión para reírse de sus adversarios, han reaccionado con ese ingenio que ha contribuido a desdiabolizarles y a atraer a los jóvenes.
Por un lado, el líder del partido en Sajonia-Anhalt, que seguramente se convertirá en ministro-presidente en diciembre, Ulrich Siegmund, ha anunciado que acudirá al edificio de gobierno subido en su moto Schwalbe, que se ha convertido en un símbolo de los militantes de AfD en la antigua Alemania Oriental. Así lo ha escrito en su cuenta de X: «¡Con la Schwalbe a la cancillería estatal! Dado que BMW aparentemente tiene poco que ver con la democracia, en diciembre iré a la cancillería estatal con aquella que también me ha acompañado fielmente durante la campaña electoral».
Y por otro lado, en el partido se ha tenido la idea de pedir un vehículo a Tesla, empresa dirigida por Elon Musk, que ha apoyado en X a AfD y a su líder, Alice Weidel.
Aunque el fabricante de automóviles no ha explicado las razones de su decisión de retirar el alquiler del coche a Rausch, sin duda se debe a los colores políticos del presidente elegido. Quien es desde mayo pasado presidente del consejo de administración de BMW, el ingeniero Milan Nedeljković, declaró en prensa que el populismo de extrema derecha y el nacionalismo constituyen “un veneno para el entorno económico de un país abierto al mundo y dependiente del comercio global”.
Nedeljković coincide con otros directivos alemanes como Roland Busch (Siemens), Christian Sewing (Deutsche Bank), Ola Källenius (Mercedes-Benz Group), Richard Lutz (Deutsche Bahn) y Christian Klein (SAP) en criticar acerbamente a AfD porque, aparte de considerar al partido identitario como «peligroso para la democracia», lo ven como un riesgo para sus beneficios, por sus programas contra la inmigración, la energía renovable y las subvenciones estatales. Las patronales alemanas, al igual que las españolas, reclaman más inmigrantes, aunque los datos indican que de éstos trabajan muy pocos y lo hacen en empleos funcionariales y de bajo nivel laboral.
Como miembro de la economía corporativa, BMW está vinculado a la partitocracia alemana. La empresa de automóviles ha contratado varias veces como consultor a Joschka Fischer, ex ministro de Asuntos Exteriores (1998-2005) y militante del partido de Los Verdes
BMW, como el resto del sector automovilístico alemán, sigue empeñado en mantener políticas que conducen a su desaparición, como el respaldo a la descarbonización, a la sociedad multicultural, a la inmigración y a los partidos que obligan a lo anterior.